lunes, 25 de abril de 2011

Lógica impar.



3 cervezas que pagaste en mi noche triste.
5 los besos que me dabas en la frente.
7 las vidas que necesito para olvidarte.
9 meses que me debe el calendario.
11 los escalones que subían a las estrellas.

13 el día que te perdí.
15 las noches que ha llovido en mi salón.
17 las veces que he esperado verte aparecer.
19 besos que he empeñado con otros.
21 años que he necesitado para encontrarte...

119 cartas que no tuve valor de enviarte.
241 kilómetros que borré del mapa.
307 canciones que hablan de ti.
433 pasos que hubiera dado para buscarte.
595 veces que quise salvarte.

649 lagrimas que no me viste llorar.
783 sonrisas que me regalabas.
839 segundos en que fuimos eternos.
957 noches que habría bailado contigo.
1001 las veces que me repito el 1, el motivo de mi numeración extraña.

Si tu no estas...
 los números pares ya no existen.


lunes, 18 de abril de 2011

Historias que se repiten.

Me alegra saber que aún queda algo de aquel lugar mágico que un día creamos. Las ruinas de Nunca Jamás se presentan antes nosotros. Una sonrisa escondida entre los huesos y el alma. Asúmelo, nunca seremos simples, ni normales, nunca seremos lo que el mundo espera de nosotros. En algún lugar, quizá muy lejos de aquí, sobre cualquier estrella bailaremos de por vida. Viviremos eternamente congelados en aquello que pudo ser, consumidos entre cenizas, riendo en cualquier bar, rendidos a la eternidad de esperar caer un satélite. Nadie nos escribió el final del cuento donde todo estalla entre risas y alcohol. Supongo que no lo necesitamos. Sentirnos en una caricia en la espalda, un llanto ahogado, la mirada que atraviesa la calle, buscarnos tras cualquier esquina. Todo y nada fuimos siempre. Sombras de cada instante en que pudimos ser perfectos. El final feliz no era nuestro, que importa. La mirada furtiva, tapada de alcohol y lágrimas, el empezar de nuevo otra vez. La mentira bramando por los poros, el poder gritarte que no te necesito aunque no sea cierto, las sonrisas condescendientes, el saber estar siempre. Empezar de nuevo una y otra vez hasta reunir el valor de derrumbar los muros, de quebrar toda la poesía en un segundo. Ser y estar, creer y vivir de nuevo. Quizá las lágrimas me guien siempre hasta tu regazo, al hueco de tu espalda, a tus besos en la frente, tu brazo cruzando mi espalda. Todo y nada en un solo momento. Tus mensajes siempre quebraran mis costuras y mis huesos, esperaré tu presencia detras de cualquier muro, surcaré todas las calles en busca de tu sonrisa. Quise empezar otra vez, volar y reir, pero no pude, no sé explicarlo, algo me agarraba, no me dejaba ir, quizá no me dejé llevar. Lo intenté y no pude, tal vez porque no quise... tal vez porque no lo necesitaba.

domingo, 10 de abril de 2011

Lucy in the sky.


He dormido en aviones y trenes,
he soñado al otro lado del cristal.
He abandonado un corazón en la cafetería,
junto a una taza vacía y medio trozo de tarta.
He olvidado todo lo que quise recordar.
He escuchado tu nombre sin llorar,
he vuelto a sonreir en mitad de la calle.
He comprado una libreta nueva
y mil bolígrafos de colores.
He caminado por los andenes de media Europa
con la sombra de tu recuerdo clavada a mi espalda.
He vuelto a cantar en voz alta y a contar con los dedos,
a pintar de rojo los labios y el corazón.
He conseguido empezar la historia desde el principio.
Despacio...
siempre con buena letra
y muchos colores.
Esta vez... te lo juro mi vida.
Esta vez termina bien.


Todos los viajes empiezan en algún lugar.