lunes, 19 de septiembre de 2011

¿Quién?



Todo lo que toca se rompe, estalla.
Si trata de salvar la torre, siempre se viene abajo.
Solo sabe trazar caminos circulares que terminan en el punto de partida.
Reescribe historias acabadas.
Busca respuesta a preguntas que nadie ha formulado.
Trata de resolver la incertidumbre, de salvarle, de salvarse...

Y yo me pregunto, y a ella...
¿Quién le cura las heridas?,
¿Quién le agarra la mano y le susurra “no te preocupes”?,
¿Quién cuenta su versión en esta historia?,
¿Quién le guía los pasos?,
¿Quién le perdona?,
¿Quién conoce su lugar?
¿Quién...
...le salva?

domingo, 21 de agosto de 2011

Todavía...




Sigues siendo como la mejor de las canciones,
el limón en una copa,
la primera calada a un cigarro.
Sigues siendo el final feliz de mi historia triste,
mi camino de vuelta a casa,
mi copa rota y mi beso de media noche.

Sé que en algún sitio aún brindamos cada noche,
nos reimos de nuestros fantasmas
y prometemos cosas que nunca podremos cumplir.

Sigo siendo tu chica fuerte de labios rojos,
el final de los veranos,
tus huellas en la arena
y alguna noche de noviembre.

"Yo vivía como Robison Crusoe. Era un naúfrago entre ocho millones de personas, hasta que un dia vi huellas en la arena, y la encontré a usted"
El apartamento.



sábado, 25 de junio de 2011

TePropongo.

Quizá, por una vez, podríamos borrar las huellas en la arena.
Olvidar las vidas a medias que nos dejamos en el camino.
Barrer los cristales de todas las ventanas a las que escalamos, allí donde no nos esperaba nadie.
Apagar todas las farolas que, alguna vez, alumbraron nuestra ciudad.
Podriamos esconder todo en una gran caja con un lazo rojo y dejarla junto a las promesas que no cumplimos.
Total, que más da, que importa. No nos quedaba nada...

lunes, 23 de mayo de 2011

A veces.

A veces la vida es un coñazo, porque además duele. Parece que los días son más largos y, casi siempre, llueve.

A veces todo se quiebra, se rompe. Estalla y luego, simplemente desaparece.

A veces la vida se consume entre apuntes y libros, y más libros y más apuntes. Bolígrafos de colores. Fechas marcadas a fuego. La ventana que grita día y el cerebro que pide noche, mientras una foto sonriente te recuerda días mejores.

Y es así, la mayor parte del tiempo la vida es hastío disfrazado de rutina. Despertar siempre a la misma hora, ver las mismas caras en el autobus. Es el castigo que se transforma en virtud cuando de pronto una biblioteca silenciosa se convierte en el mejor escondite para las carcajadas. Cuando un café con prisas salva el mundo o dos cigarros en la puerta para inventar planes geniales, viajes que alguna vez tendrán destino. Aprender a ver la vida en pequeños matices, el sol que se esconde tras las nubes. Robarle el tiempo a los apuntes para regalárselos a una libreta. Decidir que quizá hoy sea un buen día para volver a casa dando un paseo. Reirse de ocurrencias absurdas o volar en el metro escuchando una cancion que parece hablar de nosotros, porque los imposibles también existen...

Es por ello que reivindico los días aburridos, las noches de insomnio, la camiseta que nunca te queda bien, el cigarro que se fuma otro cuando tu lo necesitas, el autobús que se marcha mientras tu le observas desde la otra acera, los zapatos que se manchan en los charcos, las llaves que olvidas dentro de casa, el mosquito que siempre pica por las noches, la leche insuficiente para un café y los boligrafos que no pintan.
Todos ellos constribuyen a que cosas como "a este cigarro invito yo", los abrazos al regreso, las cervezas de última hora, los míticos "la última y nos vamos", las notas de papel, las canciones que se escuchan por primera vez, las huidas a la playa, buscar en el calendario el día que vuelvo a verte, las fiesta inventadas, los "no te preocupes, mañana estarás bien", los chistes malos, las frases sin sentido, las estupideces más bellas, valgan la pena.

Los malos días hacen, que de vez en cuando, la vida llegue a ser perfecta.

jueves, 19 de mayo de 2011

MayoDeParis.


Es sentirse parte de algo más grande. Estar allí para poder decir que intentamos cambiar el mundo empezando por unas escaleras. Para demostrar que conociamos la historia para no repetir sus errores y que, por el contrario, aprendimos todas sus lecciones.

La primavera estalló en miles de voces pidiendo empezar de nuevo, sin más poder que la palabra. Si más meta que ser libres. El mayo de Paris, ya casi olvidado, resurge con más fuerza, con nuevas esperanzas, con menos adoquines y muchas más palabras.
- ¿Para qué vas? ¿Para estar allí?.
- Si, para sentir que una vez intenté cambiar el mundo.


"Crear es resistir... resistir es crear."

sábado, 14 de mayo de 2011

De escaleras y estrellas.

Ella era frágil, porque no decirlo, no era un defecto, sino más bien una herencia. Había empeñado tantas veces el corazón que habia perdido la cuenta de los recibos que le quedaban por pagar. Solía pintar estrellas en el techo de su habitación, era su forma de no sentirse sola.

Él había visto sus grietas, cada mañana, en el rellano de la escalera. Las que los demás no ven. Las que solo reconocen los iguales. Había soñado tantas veces con agarrarla y esconderla del mundo. Pero tenía miedo de rozarla, por si estallaba en mil pedazos.

-¿Vienes?
-¿A donde?
-A cualquier parte.

lunes, 9 de mayo de 2011

LaLimpiezaDeLaPrimavera.




Ya es primavera y toca hacer limpieza... no sabía si vendrías a mi ventana para ayudarme asi que decidí empezar por mi cuenta.
Entre mis cajas de dudas y los por qués que cuelgan de mis pechas encontré varios baúles de cosas que ya no necesito. Aquí te dejo el inventario de todos mis días de más, arrumbados en la esquina del fondo, por si quieres venir a buscarlos, te los regalo, yo ya no los quiero.
Te dejo todos mis Septiembres junto al final de los veranos, quizá así te acuerdes de devolverme mis octubres y sobre todo mis noviembres.
Te dejo todas las libretas que no llené con tu nombre y los boligrafos que ya no pintan.
También dejo un cd repleto de canciones de amor que ya no hablan de nosotros. Te regalo mis pintalabios desgastados y todas las sonrisas que ya no adornarán. Junto a ellos te dejo la colección de copas que estallé contra el suelo y un poco de alcohol para sanar las heridas. Te dejo el salitre del mar en que nunca nos bañamos y un poco de arena, pero no mucha. Te regalo todos los tacones que quebré por salir corriendo y algunos billetes sin destino y sin fecha de regreso.
Te dejo una caja demasiado grande con todas y cada una de las noches en que creí que me rescatarías y el primer peldaño de la torre que nunca escalaste para salvarme. Junto a ella otra caja más pequeña que esconde las agujas de los relojes que paramos y, al fondo del todo, el dedal que utilicé para coser las heridas más profundas.
En un sobre te dejo todas las cartas que nunca te escribí y, sobre él, un cofre que guarda los sueños que no pude cumplir. También quiero que te lleves todos mis libros con final feliz.
Colgadas del respaldo de la silla te dejo las horas que no pude dormir y, junto a ellas, mi colección de lágrimas. Dentro de la caja de un reloj te dejo el beso que no nos dimos y las velas de mi último cumpleaños.
En una percha te dejo mis alas rotas y cansadas de intentar levantar el vuelo y, por si lo quieres, el vestido más bonito que jamás me viste puesto.
Te dejo los mil cigarros que fume en la ventana y algún cenicero de las barras donde intentamos empezar de nuevo.
Te dejo las sábanas de las camas en que trate de olvidarte. También quiero que te lleves los puntos suspensivos con que terminan todas mis canciones.
Por último te dejo el libreto con las instrucciones del juego que inventamos y junto a el una cajita que a veces late, es el premio que habrías conseguido si las hubieras respetado. Aunque esto último preferiría que no te lo llevaras, aún tengo la esperanza de necesitarlo algún día.

jueves, 5 de mayo de 2011

Declaración de intenciones.

He decidido ajustarme las cuentas, creo que ya era hora. Asumir de una vez por todas que el ser humano es imperfecto y por extensión, yo también.
Fumo casi más de lo que mis pulmones pueden resistir y lloro demasiado, aunque nadie lo vea. Me vendo fácil por palabras de sal que sólo hacen escocer viejas heridas y a pesar de mi inteligencia, soy bastante fácil de engañar. Hipoteco mi corazón con el alcohol y a veces me pierdo tanto que luego no sé encontrarme. Nací al contrario del mundo, llegué cuando se recuerda a los que se marcharon, supongo que por ello siempre nado a contracorriente. Mis cortes de pelo a menudo reflejan mis estados de ánimo, podría decirse que ahora ambos estan bajo mínimos, aunque a mi me gusta decir que estan empezando de nuevo. Suelo confiar más en lo intangible, en las señales, en lo que quiero creer de la vida, lo que narran los cuentos, que en mi propia experiencia. Por más que duela, no siempre aprendí de mis errores. Una vez me escribí a mi misma que la vida esta llena de piedras y más importante que aprender a saltarlas es aprender a olvidarlas. Debería empezar a hacerme caso.

Un amigo me definió una vez como una casa en Siberia con calefacción, fría por fuera y cálida por dentro. Debo decir que es la descripción más exacta que me han hecho. A pesar de todo me he culpado de ello, de vender mi imagen distorsionada, de crear barreras... al final me di cuenta de que no era así, no son barreras, ni son actos fingidos, no es un mecanismo de defensa, ni una criba arrogante. Soy yo, mi forma de ser y de vivir. Puede que no sea perfecta, pero me aleja de personas inciertas, y elige a las que puedo dar lo mejor de mi. Porque aun con todos mis defectos y mis ruinas, tengo la virtud de querer mucho a la gente que quiero, y con eso basta.

He escrito en miles de rincones que la vida no era esto, y era verdad. La vida puede ser más y peor, también menos y mejor. La vida es lo que quieras de ella, lo que hagas o lo que no, lo que digas, lo que calles, lo que cantes, escribas o dibujes. Las cartas que decidas romper, los recuerdos que desees conservar, es guardar lo mejor de cada uno para cuando te hagan dudar, para que recuerdes que hubo momentos en que fuisteis eternos, momentos en los que no es que rozaras la felicidad, es que fuiste feliz. Porque es eso, la felicidad son momentos, instantes que pasan, y uno suele ser consciente de ellos cuando ya los ha vivido, cuando los echa de menos, cuando no sabe si algún día volverán. Siempre es más fácil rendirse, autocompadecerse, huir y esconderse. Todos lo hicimos alguna vez, yo también. Hasta que un día te miras en los ojos de otra persona, una persona cuya única expectativa de vida es despertar mañana, que lo único que le pide al mundo no es que el amor de su vida le quiera, ni aprobar los exámenes, tener un buen trabajo o ganar mucho dinero, lo único que pide es tener un día más. Es ahí donde te empequeñeces y te averguenzas de ti mismo y de tus estupideces, comprendes que tu vida es perfecta solo porque existe, porque tienes la oportunidad de cambiar mil veces de camino, de equivocarte y volver a empezar.

Hace algunos años Coca-cola lanzó un anuncio que decía “No te entretengas en tonterias, que las hay, y vete a buscar aquello que te haga feliz, que el tiempo corre muy deprisa” y tenía razón, aunque tres meses de verano parezcan un mundo, aunque pienses en que serás jóven para siempre, no existen los momentos para siempre y a menudo lo que no hicimos se quedó varado en mitad del mar, y ya no tendremos forma de rescatarlo. Aquel anuncio terminaba diciendo “Estas aquí para ser feliz”. Al modo en que quieras, a costa de quien se ponga delante, de quien trate de arrebatarte los sueños, de todo aquel que te diga que no puedes. Es la única meta noble a tener en mente, aunque no sea fácil, porque si lo fuera no valdría la pena.
Por todo esto, y muchas cosas más, he decidido reconstruirme desde los cimientos, con todas mis virtudes y defectos, con mis neuras y mi ingenio, con mis lágrimas y mis sonrisas. Aprenderé a coser estrellas en la pared, a buscar el mar dos calles más abajo, a volar sin alas. Aprovecharé el tiempo en cosas que me hagan crecer, aprenderé a dejarme querer, seré la estrella que brille más fuerte, me levantaré si caigo, reiniciaré el camino cuantas veces sea necesario.
Muy probablemente llegaran días se lluvia, de sombras. De esos en los que uno se mira en el espejo y no tiene ni animo de buscar un por qué. Sé que volverán, porque siempre vuelven, sólo espero no olvidar lo que realmente importa. Concederme una tregua de corazón, esconderme solo a medias, solo para volver.
Y algún día, que espero lejano, poder decir, como ya hizo Robert Frost “ Si tuviera que escribir mi epitafio, este sería: tuve una pelea de enamorados con el mundo.” Y gané.

domingo, 1 de mayo de 2011

Te doy mis manos.

Aunque sus preguntas inocentes hagan que todas las miradas se me claven. Que tú me supliques en silecio... devuelvo la mejor de mis sonrisas acompañadas de un comentario sarcástico acerca de lo poco que me importa estar sola.
Es mi manera de salvarte.
De salvarnos.

Hablamos de mil cosas absurdas mientras nos observas desde el otro lado del bar. Tu mirada se turba hasta que ves que soy yo, y entonces sonries, respiras y te das cuenta de que no pasa nada, soy yo...
Te sonrío, y me entiendes.
Nos entendemos, como siempre.
El peligro ha pasado, el peligro nunca existió.

Puede que no volvamos a hablar de huir a cualquier parte,
sé que nunca volveras a secuestrarme.
No agarraras mi cintura en una barra
y no cumplirás nuestro pacto suicida.
Eso no volverá a ocurrir, pero lo dejamos guardado en alguna parte,
junto a las fotos.

Puede que solo nos queden dos tímidos besos y una sonrisa oculta.
Que aún me mires cuando crees que no te veo,
que aún llore cada vez que te marchas.

También puede que la ciudad se olvidara de nosotros,
que tu a veces te olvides de mi,
pero yo te dejo mis manos para cuando las necesites,
para agarrarte si tropiezas,
para levantarte si te caes o...
 simplemente, para abrazarte cuando volvamos a encontrarnos.

lunes, 25 de abril de 2011

Lógica impar.



3 cervezas que pagaste en mi noche triste.
5 los besos que me dabas en la frente.
7 las vidas que necesito para olvidarte.
9 meses que me debe el calendario.
11 los escalones que subían a las estrellas.

13 el día que te perdí.
15 las noches que ha llovido en mi salón.
17 las veces que he esperado verte aparecer.
19 besos que he empeñado con otros.
21 años que he necesitado para encontrarte...

119 cartas que no tuve valor de enviarte.
241 kilómetros que borré del mapa.
307 canciones que hablan de ti.
433 pasos que hubiera dado para buscarte.
595 veces que quise salvarte.

649 lagrimas que no me viste llorar.
783 sonrisas que me regalabas.
839 segundos en que fuimos eternos.
957 noches que habría bailado contigo.
1001 las veces que me repito el 1, el motivo de mi numeración extraña.

Si tu no estas...
 los números pares ya no existen.


lunes, 18 de abril de 2011

Historias que se repiten.

Me alegra saber que aún queda algo de aquel lugar mágico que un día creamos. Las ruinas de Nunca Jamás se presentan antes nosotros. Una sonrisa escondida entre los huesos y el alma. Asúmelo, nunca seremos simples, ni normales, nunca seremos lo que el mundo espera de nosotros. En algún lugar, quizá muy lejos de aquí, sobre cualquier estrella bailaremos de por vida. Viviremos eternamente congelados en aquello que pudo ser, consumidos entre cenizas, riendo en cualquier bar, rendidos a la eternidad de esperar caer un satélite. Nadie nos escribió el final del cuento donde todo estalla entre risas y alcohol. Supongo que no lo necesitamos. Sentirnos en una caricia en la espalda, un llanto ahogado, la mirada que atraviesa la calle, buscarnos tras cualquier esquina. Todo y nada fuimos siempre. Sombras de cada instante en que pudimos ser perfectos. El final feliz no era nuestro, que importa. La mirada furtiva, tapada de alcohol y lágrimas, el empezar de nuevo otra vez. La mentira bramando por los poros, el poder gritarte que no te necesito aunque no sea cierto, las sonrisas condescendientes, el saber estar siempre. Empezar de nuevo una y otra vez hasta reunir el valor de derrumbar los muros, de quebrar toda la poesía en un segundo. Ser y estar, creer y vivir de nuevo. Quizá las lágrimas me guien siempre hasta tu regazo, al hueco de tu espalda, a tus besos en la frente, tu brazo cruzando mi espalda. Todo y nada en un solo momento. Tus mensajes siempre quebraran mis costuras y mis huesos, esperaré tu presencia detras de cualquier muro, surcaré todas las calles en busca de tu sonrisa. Quise empezar otra vez, volar y reir, pero no pude, no sé explicarlo, algo me agarraba, no me dejaba ir, quizá no me dejé llevar. Lo intenté y no pude, tal vez porque no quise... tal vez porque no lo necesitaba.

domingo, 10 de abril de 2011

Lucy in the sky.


He dormido en aviones y trenes,
he soñado al otro lado del cristal.
He abandonado un corazón en la cafetería,
junto a una taza vacía y medio trozo de tarta.
He olvidado todo lo que quise recordar.
He escuchado tu nombre sin llorar,
he vuelto a sonreir en mitad de la calle.
He comprado una libreta nueva
y mil bolígrafos de colores.
He caminado por los andenes de media Europa
con la sombra de tu recuerdo clavada a mi espalda.
He vuelto a cantar en voz alta y a contar con los dedos,
a pintar de rojo los labios y el corazón.
He conseguido empezar la historia desde el principio.
Despacio...
siempre con buena letra
y muchos colores.
Esta vez... te lo juro mi vida.
Esta vez termina bien.


Todos los viajes empiezan en algún lugar.

domingo, 20 de marzo de 2011

Volveremos a sonreír en las fotos.

Puede que ya no quede de ti, en mi, más que el recuerdo de mil noche infinitas. Aún así es bastante, sigue siendo suficiente.
No es más que el hielo en los vasos, el humo de un cigarro y un aprentón de manos a deshoras. Son las zapatillas de colores y una foto que cuelga de la puerta de un armario. Son mil cervezas y una llamada desesperada. Es sólo que siempre estabas allí. Es volver a sentarme en tus rodillas...
Aún te apareces dibujado en las sombras de los árboles y bajas conmigo todas las escaleras, cada mañana subes al bus y me observas. Te guardé en mi estantería de libros que aún faltan por leer y te sacaré cuando consiga el valor para volver.
A veces no puedo explicarlo, es sólo algo que me dice “Niña, no corras. No saltes. No juegues. Aún no es tarde. No empieces de nuevo porque nada ha terminado.”
Y ya no sé que creer ni que decir. No sé que hacer. Sólo sé que estuve allí y no tuve el deseo de parar el tiempo en los relojes. Podría haber sido un buen libro, pero no era un cuento. Era casi perfecto sin ser mágico. Éramos dos, pero no éramos tu y yo.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Pasado.



Y allí estaban, apostados en la barra del bar sin más compañía que batallas perdidas.
- ¿Qué pasó?
- Supongo que mi pasado no encajaba en su futuro, o en su prensente... ya no lo sé.
El la miraba, sentada, frágil, como una muñequita de cristal a punto de estallar en mil pedazos. Quiso cogerle la mano, pero lo pensó mejor y no lo hizo. Ya no tenía sentido. Y pensó para si lo injusta que a veces resultaban la vida y las personas. Allí, observándole sus ojos tristes quiso agarrarla del brazo y llevarla a cualquier parte, lejos de cualquier ser que pudiera dañarla. Huir lejos y empezar de nuevo, montarla en un coche y no volver jamás.
- Te conozco lo suficiente como para saber que no tienes nada de lo que avergonzarte.
- No le dije la verdad... inventé cosas que no he hecho, pero que podría haber hecho. Le conté una vida que no era la mia, pero que podría haberlo sido.
“Como no.” pensó. “Siempre tan... ella, dando una vuelta de más a cualquier tuerca”. Y lo más horrible de todo, es que era capaz de entender porque lo había hecho. Sólo para saber si quién decía quererla sería capaz de juzgarle, si seguría a su lado a cualquier precio. Por desgracia el ser humano tiene esas miserias, se llena la boca de tolerancia y promesas y huye lo suficientemente rápido como para no tener que recordarlo.
Allí seguía ella, fumándose el cigarro y la vida. Con su cara de niña, de ángel siempre triste. Paseando los dedos por el filo de su copa, clavando la mirada en suelo y mandando sus sueños a cualquier parte.
- ¿Alguna vez te has arrepentido de algo? ¿Cambiarias algo de tu vida si pudieras?.- dijo ella levantando por primera vez sus ojos del suelo.
- Supongo...- dijo más para si que para ella.
Y ella le miró. Le pareció ver que lloraba. Ella, consciente, abrió aún más sus ojos y los movió de un lado a otro con la esperanza de que se secaran, demasiado orgullosa para mostrarse rota.
- Si lo hubieras hecho... no estariamos aquí.- Y una punzada recorrió la espalda de él, sabía que tenía razón.- El pasado define la vida de las personas, pero no las define a ellas. Todas las acciones de mi vida han hecho que esta noche este aquí sentada, pero sigo siendo la misma niña que jugaba a las caninas en el patio del recreo... y lo seré siempre, haga lo que haga.
Y él le regaló media sonrisa que ella no pudo rechazar. Y casi por un momento pareció que el bar quedó en silencio.
- Sólo que el juego se ha complicado un poco ¿no?.
- Demasiado... estoy a punto de tirar las canicas y salir corriendo.
- No digas eso.- dijo casi con súplica. Y una vez más se tentó de cogerle la mano y, por primera vez, lo hizo.
- Estoy cansada. La vida que yo imaginaba no era así, el cuento siempre acababa bien. El príncipe no escalaba la torre para preguntarle a la princesa qué habia sido de su vida antes de que el llegara. Solo subía y la besaba y todo lo demás daba igual.
- Pero la vida no es cuento y los dos lo sabemos.- y la miró deshecha, cavilando, como el niño que descubre que los reyes no existen. Y ella le soltó la mano casi con rabia, negándose a creer.
- Si puede serlo, yo lo intenté, pero no me dejaron. Me juzgaron por un supuesto pasado y ¿Qué hay de ti?.- Y por primera vez el la miró con algo parecido al miedo. - Yo vi tu pasado. No lo descubrí, no te lo pregunté, lo conocí porque estuve allí, vi lo peor de ti. Y, aun así... aun así hubiera ido al fin del mundo si tu me lo hubieras pedido. Habría escalado la torre y no habría preguntado.

Un vaso se hizo añicos contra el suelo y una puerta se abrió. Volvieron a mirarse tratando de no haber dicho ni escuchado nada. La chica de la última mesa elevó su risa por encima de todas las demás, el jóven de azul metió la bola negra y alguién pidió un gintonic. La vida siguió.

Él pidio dos cervezas y ella escondió sus palabras tras el humo de un cigarro.

domingo, 6 de marzo de 2011

...

Envenenada.
Hastiada.
Cansada.
Triste.
Rendida.
Enfadada.
Agotada.
Dudosa.
Temerosa.
Cobarde.


- No se que decirte.
- No hace falta que digas nada, sólo necesito que me escuches.
- Eso si puedo hacerlo...

Hasta que recordé que tu jugabas conmigo incluso después de haber roto todos tus juguetes.
En las noches de tormenta me escondías de la lluvia.
Me cuidabas con sonrisas y nunca me dejabas caminar sola. Me dejabas ser y creer. Y nunca me juzgabas, ni gritabas, no pedías explicaciones y te las habría dado, pero no las necesitabas.
Eras como mi guardián entre el centeno que esperaba agazapado y saltaba a tomarme en sus brazos justo antes de caer al precipicio. Confiabas en mi, me hacias confiar en mi.
Voy a volar de nuevo... ya lo verás.


"Me pregunté, ¿qué tengo yo?... Te tengo a ti."

domingo, 27 de febrero de 2011

Ci vediamo.


Quizá el agua fue bastante.
El sonido de los motores de un avión al despegar. Abrazos de despedida. Los Alpes amenzantes bajo mi pies. Hablar con cualquier desconocido en algún bar, pasear por calles desconocidas, inventar idiomas nuevos a la luz de una farola. Canales que se abren y dividen, que separan y unen la vida. Esconderse entre la gente y sólo sonreir. Navegar sin rumbo y sin pagar el billete. Fumar en callejones oscuros que rebosan vida. Salir corriendo a cualquier parte y disfrutar de la maravillosa sensación de no pensar en nada.
Como a Beatriz con sus cuerpos celestes pasa que no importa cuan lejos marches pues siempre llevarás la ciudad contigo. Y puede que te viera al cruzar cualquier puente o bajo el reflejo del sol que iluminaba cada fachada. Tal vez estabas allí.
Acurrucarse en cualquier esquina, el bullicio incansable de los aeropuertos. Un ramo de flores en venta y una baraja de cartas. La falta de sueño y el cansancio en las piernas. Enconder el alma tras una mascara de incaje y la sonrisa en cualquier bolsillo. La incertidumbre y la aventura. Robar galletas del desayuno y dormir en los trenes.
Quizá el agua fue bastante para encontrarme. Para saltar de cualquier precipicio y volver. Para echar la sal en las heridas y vivir. Para reir hasta llorar. Para ser libre y disfrutar.

"No importa que la sensación sea triste o hasta desagradable, pero cuando me voy de un sitio me gusta darme cuenta de que me marcho. Si no luego me da más pena todavía"
El guardián entre el centeno.

sábado, 19 de febrero de 2011

Tan simple.

Era tan simple... la felicidad. Era tan simple y tan absurda. Era buscar cualquier excusa para hablarte. Esperar en la puerta de casa, cada mañana, para verte pasar. Custodiar el teléfono para escuchar tu voz.
Nadie nos dijo que a veces la cosas se tuercen, a veces, simplemente desaparecen.

Aún te veo sentado sobre el césped cantando mil batallas. Y me gusta pensar que en algún lugar sigues haciéndolo.

Nunca quise saber que fue de ti, quizá por no pensar lo que pudo ser de mi. Así es más fácil. Cada uno puede recordar la vida a su manera y a mi me gusta recordarte así, fanfarrón, engrido, tierno, a veces triste... como un ángel sin alas. Quiero pensar que llegará el día en que todo se compense. En que la vida vuelva a ser tan fácil, en que la felicidad se enconda detrás de un “hola”. Quisiera volver a llenar cuadernos con tu nombre y escucharte detrás de cada canción. Dibujarte en una pared y soñar con que un día me salves de un abismo.

Quisiera haber parado el tiempo en los relojes antes de descubrir la otra cara de la luna. No preguntes por qué, es sólo que hoy me dio por volver a tener quince años...


jueves, 10 de febrero de 2011

Sombras alargadas.

- ¿Qué te ocurre?
- Tengo miedo.
- ¿De ser feliz?
- No, de empezar de nuevo. ¿Nunca te ha pasado? Es miedo de empezar a construir todo desde el principio. De volver a jugar, a pegar las piezas. De que todo vaya bien y que de pronto un día... vuelva.
- ¿Qué pasaría?
- Que me iría...
- No lo sabes.Y aunque así fuera... no pasaría nada.

Sigues esperando que suceda algo que nos acabe separando
tramo y solución
de nuestra batalla de cabeza y corazón
.

martes, 8 de febrero de 2011

Kilómetros.

No existen 300 kilometros que puedan disipar la espera. El mensaje que siempre esperaste recibir parpadeaba incesante mientras la sonrisa estupida iluminaba una ciudad cualquiera. Y resultó que nada cambia en la vida si no le dejas hacerlo. Pues el espejo sigue mirandote cada mañana tras horas de menos y sueños de más.Jurando no romper una promesa que hiciste a ese alguien que un día fuiste, pues tres meses no matan a nadie pero curan varias almas. Y lo sabes, lo aprendes.
Es solo caminar un día más en contra de la dirección que marcan tus latidos. Las locuras solo se escribieron en los cuentos, y si no queda nada por decir, siempre es mejor no decir nada.
Y seguir, vivir. Forjarte nuevos sueños a la espera de que algún loco decida emprenderlos contigo y si no es así, que importa, tal vez no sea tan importante... el soñar, digo, pues después de todo la vida aquí abajo no es tan horrible.
Aún queda quien escribe canciones de amor y quien llora al doblar la esquina. Alguien que agarra tu mano y te lleva lejos.
A veces podría decirse que es casi una cuestión de fe y tal vez ahí reside la magia, creer...

sábado, 5 de febrero de 2011

Cuestión de... ¿cobardía?



I've got my memories,
they're always inside of me
But I can't go back...

Now I'm finally where I belong.

I've seen the enemy,
but I wont go back, back to how it was
and I've got my heart set on what happens next
I got my eyes wide it's not over yet.
We are miracles and we're not alone, yeah...
...this is home.

I've been searching for a place of my own.
Now I've found it, maybe
this is home...yeah this is home.


miércoles, 2 de febrero de 2011

Preguntas.


Pasó el tiempo y me olvidé de todas aquellas preguntas que se quedaron en el aire. Todas esas preguntas que guardé celosamente en el cajón donde fue a para todo el polvo de días mejores. Si bien las encontré, aún estaban allí, pero ya no preguntaban "¿Qué faltó?", ahora preguntaban acongojadas "¿Qué nos queda?" y sólo puedo responder un tímido "... no lo sé."
Gasto los días trazando mil rayas de colores en papeles que ya no son de nadie. Ni siquiera recuerdo como se escribe. Me inundo de canciones de las que no quiero reconocer la letra y me escondo detrás del rostro de cualquiera que me mira sentada en el autobús.
Cruzo a diario la estación que me grita a lo lejos "No vengas." Y nunca voy...
Me mancho los dedos de tinta tratando de remarcar todas las faltas. Ya no sueño con mariposas y casi me he olvidado de bailar.
Hay días en que la ciudad me llueve de una manera incansable y llora, llora tanto que a veces me recuerda a mi.
Y ocupada de pensamientos intrascendentes, del correr de un lado a otro, me acuerdo de que no te recuerdo, y ya nisiquiera se si eso es bueno... porque ya no se nada de todo cuanto supe un día.
No sé si los columpios del parque se habrán oxidado de tantas lágrimas o si los monstruos de mi armario aún me miran mientras duermo. No sé si quedo algo por decir o si el castillo de naipes aún resiste la tormenta en alguna parte...

sábado, 1 de enero de 2011

Y la vida es buena otra vez.

Ves.
Sólo era eso. Sólo estar.
Cómo siempre.
Reir y bailar. Bailar mucho. Y gritar, cantar, jugar... sonreir, olvidar.
Sólo era eso.
Ser y estar, creer. Sentir. Brillar y volar. Y existir.
Sólo era eso.
Volver a reir, a sonreir. Y brindar, y ser feliz.
Sólo ser y existir, recordar y cuidar, cuidarnos. Y seguir bailando...


- Y la vida es buena otra vez...
- La vida es muy buena.