domingo, 27 de febrero de 2011

Ci vediamo.


Quizá el agua fue bastante.
El sonido de los motores de un avión al despegar. Abrazos de despedida. Los Alpes amenzantes bajo mi pies. Hablar con cualquier desconocido en algún bar, pasear por calles desconocidas, inventar idiomas nuevos a la luz de una farola. Canales que se abren y dividen, que separan y unen la vida. Esconderse entre la gente y sólo sonreir. Navegar sin rumbo y sin pagar el billete. Fumar en callejones oscuros que rebosan vida. Salir corriendo a cualquier parte y disfrutar de la maravillosa sensación de no pensar en nada.
Como a Beatriz con sus cuerpos celestes pasa que no importa cuan lejos marches pues siempre llevarás la ciudad contigo. Y puede que te viera al cruzar cualquier puente o bajo el reflejo del sol que iluminaba cada fachada. Tal vez estabas allí.
Acurrucarse en cualquier esquina, el bullicio incansable de los aeropuertos. Un ramo de flores en venta y una baraja de cartas. La falta de sueño y el cansancio en las piernas. Enconder el alma tras una mascara de incaje y la sonrisa en cualquier bolsillo. La incertidumbre y la aventura. Robar galletas del desayuno y dormir en los trenes.
Quizá el agua fue bastante para encontrarme. Para saltar de cualquier precipicio y volver. Para echar la sal en las heridas y vivir. Para reir hasta llorar. Para ser libre y disfrutar.

"No importa que la sensación sea triste o hasta desagradable, pero cuando me voy de un sitio me gusta darme cuenta de que me marcho. Si no luego me da más pena todavía"
El guardián entre el centeno.

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