domingo, 20 de marzo de 2011

Volveremos a sonreír en las fotos.

Puede que ya no quede de ti, en mi, más que el recuerdo de mil noche infinitas. Aún así es bastante, sigue siendo suficiente.
No es más que el hielo en los vasos, el humo de un cigarro y un aprentón de manos a deshoras. Son las zapatillas de colores y una foto que cuelga de la puerta de un armario. Son mil cervezas y una llamada desesperada. Es sólo que siempre estabas allí. Es volver a sentarme en tus rodillas...
Aún te apareces dibujado en las sombras de los árboles y bajas conmigo todas las escaleras, cada mañana subes al bus y me observas. Te guardé en mi estantería de libros que aún faltan por leer y te sacaré cuando consiga el valor para volver.
A veces no puedo explicarlo, es sólo algo que me dice “Niña, no corras. No saltes. No juegues. Aún no es tarde. No empieces de nuevo porque nada ha terminado.”
Y ya no sé que creer ni que decir. No sé que hacer. Sólo sé que estuve allí y no tuve el deseo de parar el tiempo en los relojes. Podría haber sido un buen libro, pero no era un cuento. Era casi perfecto sin ser mágico. Éramos dos, pero no éramos tu y yo.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Pasado.



Y allí estaban, apostados en la barra del bar sin más compañía que batallas perdidas.
- ¿Qué pasó?
- Supongo que mi pasado no encajaba en su futuro, o en su prensente... ya no lo sé.
El la miraba, sentada, frágil, como una muñequita de cristal a punto de estallar en mil pedazos. Quiso cogerle la mano, pero lo pensó mejor y no lo hizo. Ya no tenía sentido. Y pensó para si lo injusta que a veces resultaban la vida y las personas. Allí, observándole sus ojos tristes quiso agarrarla del brazo y llevarla a cualquier parte, lejos de cualquier ser que pudiera dañarla. Huir lejos y empezar de nuevo, montarla en un coche y no volver jamás.
- Te conozco lo suficiente como para saber que no tienes nada de lo que avergonzarte.
- No le dije la verdad... inventé cosas que no he hecho, pero que podría haber hecho. Le conté una vida que no era la mia, pero que podría haberlo sido.
“Como no.” pensó. “Siempre tan... ella, dando una vuelta de más a cualquier tuerca”. Y lo más horrible de todo, es que era capaz de entender porque lo había hecho. Sólo para saber si quién decía quererla sería capaz de juzgarle, si seguría a su lado a cualquier precio. Por desgracia el ser humano tiene esas miserias, se llena la boca de tolerancia y promesas y huye lo suficientemente rápido como para no tener que recordarlo.
Allí seguía ella, fumándose el cigarro y la vida. Con su cara de niña, de ángel siempre triste. Paseando los dedos por el filo de su copa, clavando la mirada en suelo y mandando sus sueños a cualquier parte.
- ¿Alguna vez te has arrepentido de algo? ¿Cambiarias algo de tu vida si pudieras?.- dijo ella levantando por primera vez sus ojos del suelo.
- Supongo...- dijo más para si que para ella.
Y ella le miró. Le pareció ver que lloraba. Ella, consciente, abrió aún más sus ojos y los movió de un lado a otro con la esperanza de que se secaran, demasiado orgullosa para mostrarse rota.
- Si lo hubieras hecho... no estariamos aquí.- Y una punzada recorrió la espalda de él, sabía que tenía razón.- El pasado define la vida de las personas, pero no las define a ellas. Todas las acciones de mi vida han hecho que esta noche este aquí sentada, pero sigo siendo la misma niña que jugaba a las caninas en el patio del recreo... y lo seré siempre, haga lo que haga.
Y él le regaló media sonrisa que ella no pudo rechazar. Y casi por un momento pareció que el bar quedó en silencio.
- Sólo que el juego se ha complicado un poco ¿no?.
- Demasiado... estoy a punto de tirar las canicas y salir corriendo.
- No digas eso.- dijo casi con súplica. Y una vez más se tentó de cogerle la mano y, por primera vez, lo hizo.
- Estoy cansada. La vida que yo imaginaba no era así, el cuento siempre acababa bien. El príncipe no escalaba la torre para preguntarle a la princesa qué habia sido de su vida antes de que el llegara. Solo subía y la besaba y todo lo demás daba igual.
- Pero la vida no es cuento y los dos lo sabemos.- y la miró deshecha, cavilando, como el niño que descubre que los reyes no existen. Y ella le soltó la mano casi con rabia, negándose a creer.
- Si puede serlo, yo lo intenté, pero no me dejaron. Me juzgaron por un supuesto pasado y ¿Qué hay de ti?.- Y por primera vez el la miró con algo parecido al miedo. - Yo vi tu pasado. No lo descubrí, no te lo pregunté, lo conocí porque estuve allí, vi lo peor de ti. Y, aun así... aun así hubiera ido al fin del mundo si tu me lo hubieras pedido. Habría escalado la torre y no habría preguntado.

Un vaso se hizo añicos contra el suelo y una puerta se abrió. Volvieron a mirarse tratando de no haber dicho ni escuchado nada. La chica de la última mesa elevó su risa por encima de todas las demás, el jóven de azul metió la bola negra y alguién pidió un gintonic. La vida siguió.

Él pidio dos cervezas y ella escondió sus palabras tras el humo de un cigarro.

domingo, 6 de marzo de 2011

...

Envenenada.
Hastiada.
Cansada.
Triste.
Rendida.
Enfadada.
Agotada.
Dudosa.
Temerosa.
Cobarde.


- No se que decirte.
- No hace falta que digas nada, sólo necesito que me escuches.
- Eso si puedo hacerlo...

Hasta que recordé que tu jugabas conmigo incluso después de haber roto todos tus juguetes.
En las noches de tormenta me escondías de la lluvia.
Me cuidabas con sonrisas y nunca me dejabas caminar sola. Me dejabas ser y creer. Y nunca me juzgabas, ni gritabas, no pedías explicaciones y te las habría dado, pero no las necesitabas.
Eras como mi guardián entre el centeno que esperaba agazapado y saltaba a tomarme en sus brazos justo antes de caer al precipicio. Confiabas en mi, me hacias confiar en mi.
Voy a volar de nuevo... ya lo verás.


"Me pregunté, ¿qué tengo yo?... Te tengo a ti."