lunes, 19 de septiembre de 2011

¿Quién?



Todo lo que toca se rompe, estalla.
Si trata de salvar la torre, siempre se viene abajo.
Solo sabe trazar caminos circulares que terminan en el punto de partida.
Reescribe historias acabadas.
Busca respuesta a preguntas que nadie ha formulado.
Trata de resolver la incertidumbre, de salvarle, de salvarse...

Y yo me pregunto, y a ella...
¿Quién le cura las heridas?,
¿Quién le agarra la mano y le susurra “no te preocupes”?,
¿Quién cuenta su versión en esta historia?,
¿Quién le guía los pasos?,
¿Quién le perdona?,
¿Quién conoce su lugar?
¿Quién...
...le salva?

domingo, 21 de agosto de 2011

Todavía...




Sigues siendo como la mejor de las canciones,
el limón en una copa,
la primera calada a un cigarro.
Sigues siendo el final feliz de mi historia triste,
mi camino de vuelta a casa,
mi copa rota y mi beso de media noche.

Sé que en algún sitio aún brindamos cada noche,
nos reimos de nuestros fantasmas
y prometemos cosas que nunca podremos cumplir.

Sigo siendo tu chica fuerte de labios rojos,
el final de los veranos,
tus huellas en la arena
y alguna noche de noviembre.

"Yo vivía como Robison Crusoe. Era un naúfrago entre ocho millones de personas, hasta que un dia vi huellas en la arena, y la encontré a usted"
El apartamento.



sábado, 25 de junio de 2011

TePropongo.

Quizá, por una vez, podríamos borrar las huellas en la arena.
Olvidar las vidas a medias que nos dejamos en el camino.
Barrer los cristales de todas las ventanas a las que escalamos, allí donde no nos esperaba nadie.
Apagar todas las farolas que, alguna vez, alumbraron nuestra ciudad.
Podriamos esconder todo en una gran caja con un lazo rojo y dejarla junto a las promesas que no cumplimos.
Total, que más da, que importa. No nos quedaba nada...

lunes, 23 de mayo de 2011

A veces.

A veces la vida es un coñazo, porque además duele. Parece que los días son más largos y, casi siempre, llueve.

A veces todo se quiebra, se rompe. Estalla y luego, simplemente desaparece.

A veces la vida se consume entre apuntes y libros, y más libros y más apuntes. Bolígrafos de colores. Fechas marcadas a fuego. La ventana que grita día y el cerebro que pide noche, mientras una foto sonriente te recuerda días mejores.

Y es así, la mayor parte del tiempo la vida es hastío disfrazado de rutina. Despertar siempre a la misma hora, ver las mismas caras en el autobus. Es el castigo que se transforma en virtud cuando de pronto una biblioteca silenciosa se convierte en el mejor escondite para las carcajadas. Cuando un café con prisas salva el mundo o dos cigarros en la puerta para inventar planes geniales, viajes que alguna vez tendrán destino. Aprender a ver la vida en pequeños matices, el sol que se esconde tras las nubes. Robarle el tiempo a los apuntes para regalárselos a una libreta. Decidir que quizá hoy sea un buen día para volver a casa dando un paseo. Reirse de ocurrencias absurdas o volar en el metro escuchando una cancion que parece hablar de nosotros, porque los imposibles también existen...

Es por ello que reivindico los días aburridos, las noches de insomnio, la camiseta que nunca te queda bien, el cigarro que se fuma otro cuando tu lo necesitas, el autobús que se marcha mientras tu le observas desde la otra acera, los zapatos que se manchan en los charcos, las llaves que olvidas dentro de casa, el mosquito que siempre pica por las noches, la leche insuficiente para un café y los boligrafos que no pintan.
Todos ellos constribuyen a que cosas como "a este cigarro invito yo", los abrazos al regreso, las cervezas de última hora, los míticos "la última y nos vamos", las notas de papel, las canciones que se escuchan por primera vez, las huidas a la playa, buscar en el calendario el día que vuelvo a verte, las fiesta inventadas, los "no te preocupes, mañana estarás bien", los chistes malos, las frases sin sentido, las estupideces más bellas, valgan la pena.

Los malos días hacen, que de vez en cuando, la vida llegue a ser perfecta.

jueves, 19 de mayo de 2011

MayoDeParis.


Es sentirse parte de algo más grande. Estar allí para poder decir que intentamos cambiar el mundo empezando por unas escaleras. Para demostrar que conociamos la historia para no repetir sus errores y que, por el contrario, aprendimos todas sus lecciones.

La primavera estalló en miles de voces pidiendo empezar de nuevo, sin más poder que la palabra. Si más meta que ser libres. El mayo de Paris, ya casi olvidado, resurge con más fuerza, con nuevas esperanzas, con menos adoquines y muchas más palabras.
- ¿Para qué vas? ¿Para estar allí?.
- Si, para sentir que una vez intenté cambiar el mundo.


"Crear es resistir... resistir es crear."

sábado, 14 de mayo de 2011

De escaleras y estrellas.

Ella era frágil, porque no decirlo, no era un defecto, sino más bien una herencia. Había empeñado tantas veces el corazón que habia perdido la cuenta de los recibos que le quedaban por pagar. Solía pintar estrellas en el techo de su habitación, era su forma de no sentirse sola.

Él había visto sus grietas, cada mañana, en el rellano de la escalera. Las que los demás no ven. Las que solo reconocen los iguales. Había soñado tantas veces con agarrarla y esconderla del mundo. Pero tenía miedo de rozarla, por si estallaba en mil pedazos.

-¿Vienes?
-¿A donde?
-A cualquier parte.

lunes, 9 de mayo de 2011

LaLimpiezaDeLaPrimavera.




Ya es primavera y toca hacer limpieza... no sabía si vendrías a mi ventana para ayudarme asi que decidí empezar por mi cuenta.
Entre mis cajas de dudas y los por qués que cuelgan de mis pechas encontré varios baúles de cosas que ya no necesito. Aquí te dejo el inventario de todos mis días de más, arrumbados en la esquina del fondo, por si quieres venir a buscarlos, te los regalo, yo ya no los quiero.
Te dejo todos mis Septiembres junto al final de los veranos, quizá así te acuerdes de devolverme mis octubres y sobre todo mis noviembres.
Te dejo todas las libretas que no llené con tu nombre y los boligrafos que ya no pintan.
También dejo un cd repleto de canciones de amor que ya no hablan de nosotros. Te regalo mis pintalabios desgastados y todas las sonrisas que ya no adornarán. Junto a ellos te dejo la colección de copas que estallé contra el suelo y un poco de alcohol para sanar las heridas. Te dejo el salitre del mar en que nunca nos bañamos y un poco de arena, pero no mucha. Te regalo todos los tacones que quebré por salir corriendo y algunos billetes sin destino y sin fecha de regreso.
Te dejo una caja demasiado grande con todas y cada una de las noches en que creí que me rescatarías y el primer peldaño de la torre que nunca escalaste para salvarme. Junto a ella otra caja más pequeña que esconde las agujas de los relojes que paramos y, al fondo del todo, el dedal que utilicé para coser las heridas más profundas.
En un sobre te dejo todas las cartas que nunca te escribí y, sobre él, un cofre que guarda los sueños que no pude cumplir. También quiero que te lleves todos mis libros con final feliz.
Colgadas del respaldo de la silla te dejo las horas que no pude dormir y, junto a ellas, mi colección de lágrimas. Dentro de la caja de un reloj te dejo el beso que no nos dimos y las velas de mi último cumpleaños.
En una percha te dejo mis alas rotas y cansadas de intentar levantar el vuelo y, por si lo quieres, el vestido más bonito que jamás me viste puesto.
Te dejo los mil cigarros que fume en la ventana y algún cenicero de las barras donde intentamos empezar de nuevo.
Te dejo las sábanas de las camas en que trate de olvidarte. También quiero que te lleves los puntos suspensivos con que terminan todas mis canciones.
Por último te dejo el libreto con las instrucciones del juego que inventamos y junto a el una cajita que a veces late, es el premio que habrías conseguido si las hubieras respetado. Aunque esto último preferiría que no te lo llevaras, aún tengo la esperanza de necesitarlo algún día.