A veces la vida es un coñazo, porque además duele. Parece que los días son más largos y, casi siempre, llueve.
A veces todo se quiebra, se rompe. Estalla y luego, simplemente desaparece.
A veces la vida se consume entre apuntes y libros, y más libros y más apuntes. Bolígrafos de colores. Fechas marcadas a fuego. La ventana que grita día y el cerebro que pide noche, mientras una foto sonriente te recuerda días mejores.
Y es así, la mayor parte del tiempo la vida es hastío disfrazado de rutina. Despertar siempre a la misma hora, ver las mismas caras en el autobus. Es el castigo que se transforma en virtud cuando de pronto una biblioteca silenciosa se convierte en el mejor escondite para las carcajadas. Cuando un café con prisas salva el mundo o dos cigarros en la puerta para inventar planes geniales, viajes que alguna vez tendrán destino. Aprender a ver la vida en pequeños matices, el sol que se esconde tras las nubes. Robarle el tiempo a los apuntes para regalárselos a una libreta. Decidir que quizá hoy sea un buen día para volver a casa dando un paseo. Reirse de ocurrencias absurdas o volar en el metro escuchando una cancion que parece hablar de nosotros, porque los imposibles también existen...
Es por ello que reivindico los días aburridos, las noches de insomnio, la camiseta que nunca te queda bien, el cigarro que se fuma otro cuando tu lo necesitas, el autobús que se marcha mientras tu le observas desde la otra acera, los zapatos que se manchan en los charcos, las llaves que olvidas dentro de casa, el mosquito que siempre pica por las noches, la leche insuficiente para un café y los boligrafos que no pintan.
Todos ellos constribuyen a que cosas como "a este cigarro invito yo", los abrazos al regreso, las cervezas de última hora, los míticos "la última y nos vamos", las notas de papel, las canciones que se escuchan por primera vez, las huidas a la playa, buscar en el calendario el día que vuelvo a verte, las fiesta inventadas, los "no te preocupes, mañana estarás bien", los chistes malos, las frases sin sentido, las estupideces más bellas, valgan la pena.
Los malos días hacen, que de vez en cuando, la vida llegue a ser perfecta.
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