lunes, 23 de mayo de 2011

A veces.

A veces la vida es un coñazo, porque además duele. Parece que los días son más largos y, casi siempre, llueve.

A veces todo se quiebra, se rompe. Estalla y luego, simplemente desaparece.

A veces la vida se consume entre apuntes y libros, y más libros y más apuntes. Bolígrafos de colores. Fechas marcadas a fuego. La ventana que grita día y el cerebro que pide noche, mientras una foto sonriente te recuerda días mejores.

Y es así, la mayor parte del tiempo la vida es hastío disfrazado de rutina. Despertar siempre a la misma hora, ver las mismas caras en el autobus. Es el castigo que se transforma en virtud cuando de pronto una biblioteca silenciosa se convierte en el mejor escondite para las carcajadas. Cuando un café con prisas salva el mundo o dos cigarros en la puerta para inventar planes geniales, viajes que alguna vez tendrán destino. Aprender a ver la vida en pequeños matices, el sol que se esconde tras las nubes. Robarle el tiempo a los apuntes para regalárselos a una libreta. Decidir que quizá hoy sea un buen día para volver a casa dando un paseo. Reirse de ocurrencias absurdas o volar en el metro escuchando una cancion que parece hablar de nosotros, porque los imposibles también existen...

Es por ello que reivindico los días aburridos, las noches de insomnio, la camiseta que nunca te queda bien, el cigarro que se fuma otro cuando tu lo necesitas, el autobús que se marcha mientras tu le observas desde la otra acera, los zapatos que se manchan en los charcos, las llaves que olvidas dentro de casa, el mosquito que siempre pica por las noches, la leche insuficiente para un café y los boligrafos que no pintan.
Todos ellos constribuyen a que cosas como "a este cigarro invito yo", los abrazos al regreso, las cervezas de última hora, los míticos "la última y nos vamos", las notas de papel, las canciones que se escuchan por primera vez, las huidas a la playa, buscar en el calendario el día que vuelvo a verte, las fiesta inventadas, los "no te preocupes, mañana estarás bien", los chistes malos, las frases sin sentido, las estupideces más bellas, valgan la pena.

Los malos días hacen, que de vez en cuando, la vida llegue a ser perfecta.

jueves, 19 de mayo de 2011

MayoDeParis.


Es sentirse parte de algo más grande. Estar allí para poder decir que intentamos cambiar el mundo empezando por unas escaleras. Para demostrar que conociamos la historia para no repetir sus errores y que, por el contrario, aprendimos todas sus lecciones.

La primavera estalló en miles de voces pidiendo empezar de nuevo, sin más poder que la palabra. Si más meta que ser libres. El mayo de Paris, ya casi olvidado, resurge con más fuerza, con nuevas esperanzas, con menos adoquines y muchas más palabras.
- ¿Para qué vas? ¿Para estar allí?.
- Si, para sentir que una vez intenté cambiar el mundo.


"Crear es resistir... resistir es crear."

sábado, 14 de mayo de 2011

De escaleras y estrellas.

Ella era frágil, porque no decirlo, no era un defecto, sino más bien una herencia. Había empeñado tantas veces el corazón que habia perdido la cuenta de los recibos que le quedaban por pagar. Solía pintar estrellas en el techo de su habitación, era su forma de no sentirse sola.

Él había visto sus grietas, cada mañana, en el rellano de la escalera. Las que los demás no ven. Las que solo reconocen los iguales. Había soñado tantas veces con agarrarla y esconderla del mundo. Pero tenía miedo de rozarla, por si estallaba en mil pedazos.

-¿Vienes?
-¿A donde?
-A cualquier parte.

lunes, 9 de mayo de 2011

LaLimpiezaDeLaPrimavera.




Ya es primavera y toca hacer limpieza... no sabía si vendrías a mi ventana para ayudarme asi que decidí empezar por mi cuenta.
Entre mis cajas de dudas y los por qués que cuelgan de mis pechas encontré varios baúles de cosas que ya no necesito. Aquí te dejo el inventario de todos mis días de más, arrumbados en la esquina del fondo, por si quieres venir a buscarlos, te los regalo, yo ya no los quiero.
Te dejo todos mis Septiembres junto al final de los veranos, quizá así te acuerdes de devolverme mis octubres y sobre todo mis noviembres.
Te dejo todas las libretas que no llené con tu nombre y los boligrafos que ya no pintan.
También dejo un cd repleto de canciones de amor que ya no hablan de nosotros. Te regalo mis pintalabios desgastados y todas las sonrisas que ya no adornarán. Junto a ellos te dejo la colección de copas que estallé contra el suelo y un poco de alcohol para sanar las heridas. Te dejo el salitre del mar en que nunca nos bañamos y un poco de arena, pero no mucha. Te regalo todos los tacones que quebré por salir corriendo y algunos billetes sin destino y sin fecha de regreso.
Te dejo una caja demasiado grande con todas y cada una de las noches en que creí que me rescatarías y el primer peldaño de la torre que nunca escalaste para salvarme. Junto a ella otra caja más pequeña que esconde las agujas de los relojes que paramos y, al fondo del todo, el dedal que utilicé para coser las heridas más profundas.
En un sobre te dejo todas las cartas que nunca te escribí y, sobre él, un cofre que guarda los sueños que no pude cumplir. También quiero que te lleves todos mis libros con final feliz.
Colgadas del respaldo de la silla te dejo las horas que no pude dormir y, junto a ellas, mi colección de lágrimas. Dentro de la caja de un reloj te dejo el beso que no nos dimos y las velas de mi último cumpleaños.
En una percha te dejo mis alas rotas y cansadas de intentar levantar el vuelo y, por si lo quieres, el vestido más bonito que jamás me viste puesto.
Te dejo los mil cigarros que fume en la ventana y algún cenicero de las barras donde intentamos empezar de nuevo.
Te dejo las sábanas de las camas en que trate de olvidarte. También quiero que te lleves los puntos suspensivos con que terminan todas mis canciones.
Por último te dejo el libreto con las instrucciones del juego que inventamos y junto a el una cajita que a veces late, es el premio que habrías conseguido si las hubieras respetado. Aunque esto último preferiría que no te lo llevaras, aún tengo la esperanza de necesitarlo algún día.

jueves, 5 de mayo de 2011

Declaración de intenciones.

He decidido ajustarme las cuentas, creo que ya era hora. Asumir de una vez por todas que el ser humano es imperfecto y por extensión, yo también.
Fumo casi más de lo que mis pulmones pueden resistir y lloro demasiado, aunque nadie lo vea. Me vendo fácil por palabras de sal que sólo hacen escocer viejas heridas y a pesar de mi inteligencia, soy bastante fácil de engañar. Hipoteco mi corazón con el alcohol y a veces me pierdo tanto que luego no sé encontrarme. Nací al contrario del mundo, llegué cuando se recuerda a los que se marcharon, supongo que por ello siempre nado a contracorriente. Mis cortes de pelo a menudo reflejan mis estados de ánimo, podría decirse que ahora ambos estan bajo mínimos, aunque a mi me gusta decir que estan empezando de nuevo. Suelo confiar más en lo intangible, en las señales, en lo que quiero creer de la vida, lo que narran los cuentos, que en mi propia experiencia. Por más que duela, no siempre aprendí de mis errores. Una vez me escribí a mi misma que la vida esta llena de piedras y más importante que aprender a saltarlas es aprender a olvidarlas. Debería empezar a hacerme caso.

Un amigo me definió una vez como una casa en Siberia con calefacción, fría por fuera y cálida por dentro. Debo decir que es la descripción más exacta que me han hecho. A pesar de todo me he culpado de ello, de vender mi imagen distorsionada, de crear barreras... al final me di cuenta de que no era así, no son barreras, ni son actos fingidos, no es un mecanismo de defensa, ni una criba arrogante. Soy yo, mi forma de ser y de vivir. Puede que no sea perfecta, pero me aleja de personas inciertas, y elige a las que puedo dar lo mejor de mi. Porque aun con todos mis defectos y mis ruinas, tengo la virtud de querer mucho a la gente que quiero, y con eso basta.

He escrito en miles de rincones que la vida no era esto, y era verdad. La vida puede ser más y peor, también menos y mejor. La vida es lo que quieras de ella, lo que hagas o lo que no, lo que digas, lo que calles, lo que cantes, escribas o dibujes. Las cartas que decidas romper, los recuerdos que desees conservar, es guardar lo mejor de cada uno para cuando te hagan dudar, para que recuerdes que hubo momentos en que fuisteis eternos, momentos en los que no es que rozaras la felicidad, es que fuiste feliz. Porque es eso, la felicidad son momentos, instantes que pasan, y uno suele ser consciente de ellos cuando ya los ha vivido, cuando los echa de menos, cuando no sabe si algún día volverán. Siempre es más fácil rendirse, autocompadecerse, huir y esconderse. Todos lo hicimos alguna vez, yo también. Hasta que un día te miras en los ojos de otra persona, una persona cuya única expectativa de vida es despertar mañana, que lo único que le pide al mundo no es que el amor de su vida le quiera, ni aprobar los exámenes, tener un buen trabajo o ganar mucho dinero, lo único que pide es tener un día más. Es ahí donde te empequeñeces y te averguenzas de ti mismo y de tus estupideces, comprendes que tu vida es perfecta solo porque existe, porque tienes la oportunidad de cambiar mil veces de camino, de equivocarte y volver a empezar.

Hace algunos años Coca-cola lanzó un anuncio que decía “No te entretengas en tonterias, que las hay, y vete a buscar aquello que te haga feliz, que el tiempo corre muy deprisa” y tenía razón, aunque tres meses de verano parezcan un mundo, aunque pienses en que serás jóven para siempre, no existen los momentos para siempre y a menudo lo que no hicimos se quedó varado en mitad del mar, y ya no tendremos forma de rescatarlo. Aquel anuncio terminaba diciendo “Estas aquí para ser feliz”. Al modo en que quieras, a costa de quien se ponga delante, de quien trate de arrebatarte los sueños, de todo aquel que te diga que no puedes. Es la única meta noble a tener en mente, aunque no sea fácil, porque si lo fuera no valdría la pena.
Por todo esto, y muchas cosas más, he decidido reconstruirme desde los cimientos, con todas mis virtudes y defectos, con mis neuras y mi ingenio, con mis lágrimas y mis sonrisas. Aprenderé a coser estrellas en la pared, a buscar el mar dos calles más abajo, a volar sin alas. Aprovecharé el tiempo en cosas que me hagan crecer, aprenderé a dejarme querer, seré la estrella que brille más fuerte, me levantaré si caigo, reiniciaré el camino cuantas veces sea necesario.
Muy probablemente llegaran días se lluvia, de sombras. De esos en los que uno se mira en el espejo y no tiene ni animo de buscar un por qué. Sé que volverán, porque siempre vuelven, sólo espero no olvidar lo que realmente importa. Concederme una tregua de corazón, esconderme solo a medias, solo para volver.
Y algún día, que espero lejano, poder decir, como ya hizo Robert Frost “ Si tuviera que escribir mi epitafio, este sería: tuve una pelea de enamorados con el mundo.” Y gané.

domingo, 1 de mayo de 2011

Te doy mis manos.

Aunque sus preguntas inocentes hagan que todas las miradas se me claven. Que tú me supliques en silecio... devuelvo la mejor de mis sonrisas acompañadas de un comentario sarcástico acerca de lo poco que me importa estar sola.
Es mi manera de salvarte.
De salvarnos.

Hablamos de mil cosas absurdas mientras nos observas desde el otro lado del bar. Tu mirada se turba hasta que ves que soy yo, y entonces sonries, respiras y te das cuenta de que no pasa nada, soy yo...
Te sonrío, y me entiendes.
Nos entendemos, como siempre.
El peligro ha pasado, el peligro nunca existió.

Puede que no volvamos a hablar de huir a cualquier parte,
sé que nunca volveras a secuestrarme.
No agarraras mi cintura en una barra
y no cumplirás nuestro pacto suicida.
Eso no volverá a ocurrir, pero lo dejamos guardado en alguna parte,
junto a las fotos.

Puede que solo nos queden dos tímidos besos y una sonrisa oculta.
Que aún me mires cuando crees que no te veo,
que aún llore cada vez que te marchas.

También puede que la ciudad se olvidara de nosotros,
que tu a veces te olvides de mi,
pero yo te dejo mis manos para cuando las necesites,
para agarrarte si tropiezas,
para levantarte si te caes o...
 simplemente, para abrazarte cuando volvamos a encontrarnos.