jueves, 30 de diciembre de 2010

No necesito.



Si te hubieras parado a pensar. Si me hubieras mirado a los ojos antes de desatar tu furia. Si hubieras tratado de ver las cosas desde mi lado del cristal.

Tal vez lo habrías entendido...

Puede que no sepa que esta ocurriendo, o que no sepa como remediarlo. Puede que no sepa en que dirección dar el siguiente paso y puede que nisiquiera sepa lo que quiero de mi, pero si sé lo que necesito, o necesitaba, y sobre todo, sé lo que no necesito.

Porque no necesito que me grites mil reproches atacando una actitud que no has intentando comprender.
No necesito que me digas que me equivoco, que lo hago mal.
No necesito que me digas como debo sentirme.
No necesito que me lances a sangre las verdades que conocí hace tiempo, porque eso no hace que duelan menos.
No necesito que resumas todo en una locura transitoria o a una estupidez pueril por el simple hecho de no poder asumir que tal vez no lo entiendes.
No necesito ser como tu, me gusta quien soy.
No necesito una mirada lastimera, ni tampoco una bofetada.
No necesito vivir en una eterna borrachera que solo trate de mostrar a una galeria, indiferente para mi, una falsa sonrisa.
No necesito que me repitas a cada instante que esta no es la manera de afrontar las cosas.
No necesito fumar hasta que me duelan los huesos, ni fingir interes por una conversación de la que no recuerdo ni el principio.
No necesito tus soluciones de vida esteriotipadas y de catálogo.
No necesito que me digas lo que tu harias porque no hablas contigo, sino conmigo.
No necesito que hables por mi, ni que intentes dar solución a aquello de lo que no formas parte.
No necesito que remuevas mi mundo con tus artes porque nunca te lo pedi.
No necesito que me digas que hacer, que decir, como actuar, como sentir...

Necesito algo más facil. Necesitaba lo más simple.
Que te sentaras a mi lado y dijeras: “No te preocupes, esto se pasará. Pronto vas a estar bien. Ya lo verás...”
Hubiera sido suficiente.



"Yo mataré monstruos por ti."

sábado, 25 de diciembre de 2010

Posits verdes.



A veces pudiera parecer que la gente no te entiende. Tratan de ayudarte diciendo lo que debes hacer, como debes actuar, incluso lo que debes sentir. Pierden el tiempo tratando de hacerte coomprender cosas que ya entendiste hace tiempo. Y no eres capaz de encontrar las palabras adecuadas para expresar que por más que quieran jamás podrán entenderte. Ni a ti, ni a esa maquinaría intrínseca en perpetuo moviemiento, a esos mil pájaros aleteando en todas las direcciones que permite el espacio.

Esa confrontación interna entre la razón y la humanidad, entre el cuento y la vida, entre lo que pudo ser y lo que es. Esos mil gestos y palabras que siempre buscaban el bienestar de cualquiera que no fueras tu, ese sentimiento de culpa alojado en el pecho y que nadie podrá sacarte porque es tuyo. Ese continuo reproche al espejo por no dejarte volar, o por culparte al hacerlo. Porque te has centrado tanto en no fallar, en no defraudar, te has obsesionado tanto en ser lo que crees que se espera de ti que te has olvidado de intentar ser aquello que tu querías ser. Te has puesto el listón tan alto que cada mera acción de instinto, de desesperación, de alegría, de locura, en definitiva cualquier acto de humanidad se te ha convertido en una aberración.

Pero... ¿de quien?
De ti.

De esa niña a la que cortaste las alas. A la que has envenado de la razón más pura y lógica mezclada con la más tierna y dulce fantasía. A esa niña que te mueres por dejar volar y sin embargo atas las manos cada vez que consigue alzar el vuelo. A esa niña que le mezclaste la magia con anestesia, la música con lágrimas, el alcohol con heridas, el azul con el suelo y la sonrisa con tristeza.

A ti que aprendiste a creer en el amor sólo por lo que contaban los malditos cuentos. Que te caiste mil veces, tantas como volviste a levantarte. Que cada noche miraste al cielo buscando ese satelite perdido que te indicará el camino a seguir. Tu que pintaste entrellas en la ventana y les pegaste un corazón que pudiera ser robado. Tu que te perdiste en mares de sueños casi perfectos buscando ese gran puerto donde fue a parar la alegria. Tu que aprendiste a escribir la vida con boligrafos de colores y ponerle un posit verde a los días buenos. Tu que sin otra carga a la espalda que frustración y desengaño te negaste a rendirte, te negaste a perderte y seguiste creyendo, de la nada, que el límite a tus sueños solo se lo pones tu. Tu que a veces te olvidas de que las personas somos imperfectas, que el mayor error que uno puede cometer es olvidarse a si mismo.


Mirate en el espejo y piensa si eres la clase de persona que querías ser. Descubrirás que eres la mejor persona que podías llegar a ser y con eso basta. Que la gente te cuida y se preocupa, sonrien a tu regreso y te agarran la mano. Verás que solo juega en tu contra la razón autoimpuesta, el exceso en el pensamiento y tu maldita capacidad de ver algun daño en cada una de tus acciones. Pues quizá ese daño no es tal, tal vez no exista, y si exite puede que no sea tan importante y que al mirarte solo recuerden esa parte de luz que tienes y que sabes que te hace brillar a ti y a los que estan contigo.

Aprende a parate y dejar que la vida siga, aprende a creer que después de todo las cosas pueden salir bien.

Esto es lo que hay y
esto es lo que debes saber...


Puedes ser el rey, puedes ser un tipo de ley.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Recuerda.


Recuerda que ya estuviste aquí.
Hace tiempo descubriste toda la tristeza que esconde el mundo. Recuerda que te perdiste, que te apagaste y te dejaste ir. Te vendiste al mejor postor solo para no mirarte en un espejo. Recuerda las cicatrices de la piel y sobre todo las del corazón.
Recuerda que entonces no sabías como hacerlo y aún así lo hiciste. Que un cinco de Diciembre encontraste la luna debajo del brazo y tu luz. Te perdiste en un hotel de Los Ángeles y entre miles de personas. Recuerda que rebuscaste en la pena y al final, después de todo estabas tú. Eras tú. Con toda la vida por delante, con un camino sin final definido. Con miles de amaneceres por ver, con miles de carreteras que transitar. Recuerda lo que aprendiste, recuerda lo que gritaste... a veces vale la pena hundirse solo para alguien te rescate. Y aquel viaje hacia el Puerto te dejó varada en el verano de las luces, abrazando todas las estrellas en cualquier barra. Recuerda las tardes de piscina, el tiempo detenido en los relojes, los zapatos nuevos, tu castillo de naipes y su baraja nueva. Recuerda los abrazos y los besos, la risa reventando contra el suelo expandiéndose mas allá de todas tus fronteras, recuerda que Nunca Jamás brilló porque tu volviste. No olvides que existe, sabes que existe, lo has visto. Encontraste el arcoiris tras la tormenta. Le arrancaste siete meses al verano y todas las flores a la primavera de Septiembre. Octubre no tuvo ningún lunes.
Recuerda que dejaste volar mariposas empapadas de risas y alcohol. Subida a los tacones de cristal más bonitos que los de cualquier cuento te fabricaste el valor de creer, de sentir, de jugar a ganar, de no rendirte. De haberlo sabido... lo habrias hecho igualmente. Recuerda que la niña dulce de labios rojos volvió a bailar en cualquier calle, se olvidó del mundo y la lluvia por ser feliz y lo consiguió. Allí sentada en la acera viendo el universo estallar en miles de colores, viendo nacer Noviembre. Tu deseo de los veinte años se cumplió y volverá a cumplirse, cientos de veces. Guarda en tu cajita de cristal toda la risa que albergabas, siente el temblor y la alegria del mundo que te espera. Aunque cada canción arrastre un pedazo de los días que fueron, también esconde los días que serán.
Mira tus alas, cóselas, sabes hacerlo. Ya lo hiciste una vez.

Y llegamos hasta aquí contando una historia más.
Escondidos de las sombras. Y pide olvidar a la vez.
Son dos rutinas...

sábado, 11 de diciembre de 2010

Cuando te vas.



Cuando te vas y vuelves.

Cuando toda tu vida cabe en una maleta,
cuando ya no te reconoces en tus actos,
cuando no sabes quien te mira del otro lado del espejo,
cuando son tus ojos y tus manos pero no son ni tu mirada ni tus gestos,
cuando alguien que no te conoce te dice “le estas dando vueltas”,
cuando alguien que te conoce te dice “cada vez estas peor”,
cuando no quieres quedarte, pero no quieres irte,
cuando no te dejan quedarte, pero no te dejan irte,
cuando las más bellas palabras esconden dardos,
cuando cualquier noche amenaza tormenta,
cuando los tacones se te quiebran.

Cuando te vas y vuelves.

Cuando no duermes pero no despiertas,
cuando solo juegas a engañarte,
cuando cada llamada es una excusa,
cuando te besa en la frente,
cuando cualquier coche es una huida,
cuando la ciudad quema,
cuando te coge la cintura,
cuando te pierdes el respeto,
cuando te pierden el respeto,
cuando dejas de quererte porque te quieran,
cuando no dejas de querer en lugar de quererte,
cuando no te pierdes, pero no te encuentras.

Cuando te vas y vuelves.

Cuando no quieres odiarle,
cuando no puedes odiarle,
cuando buscas un amor de prestado,
cuando te cura los días malos,
cuando te hiere los días buenos,
cuando le sonríes a la pena,
cuando te equivocas y se rompe,
cuando sales corriendo de cualquier bar,
cuando te ves caer, cuando te caes,
cuando nadie viene a barrer los pedazos.

Cuando te vas y vuelves.

Cuando te levantas y tropiezas,
cuando duelen las heridas,
cuando te miras las cicatrices,
cuando piensas “esta pasando otra vez”,
cuando los días dejan de ser azules,
cuando estallan los cristales,
cuando repites los errores,
cuando piensas solo que la culpa es tuya,
cuando sabes que la culpa es tuya,
cuando te cansas de estar triste.

Cuando te vas y vuelves.

Cuando no sabes dónde ir,
cuando no sabes dónde estas,
cuando quieres dormir y amanecer al mes siguiente,
cuando quieres que llegue Abril,
cuando quieres correr,
cuando quieres gritar,
cuando lo único que quieres que te salga bien es la vida,
cuando ya no sabes donde pegar más tiritas,
cuando siempre llueve,
cuando no puedes llorar.

Cuando te vas y vuelves.

Cuando ya no prefieres quedarte y aguantar,
cuando la pobreza es extrema,
cuando los mensajes no se mandan,
cuando todo se vuelve azul oscuro casi negro,
cuando tienes tanta prisa que tropiezas y te despistas,
cuando hasta para odiar es tarde,
cuando quieres ser alguien normal,
cuando solo quieres nieve por navidad,
cuando ya no tienes alas,
cuando solo quieres volar.

Cuando te vas y vuelves.

Cuando guardas el recuerdo de Noviembre,
cuando te conviertes en un numero primo,
cuando los juegos de niños duelen,
cuando entiendes que dejó de ser un juego,
cuando se cierran las ventanas,
cuando termina la limpieza de primavera,
cuando ya no queda ni el final de los veranos,
cuando se termina el cuento,
cuando se te derrumba el castillo.

Cuando te vas y vuelves.

Cuando descubres que la vida no era esto,
cuando solo quisieras desaparecer completamente,
cuando hasta las luciérnagas estan tristes,
cuando no te quedan paraguas,
cuando no sabes a dónde van los sueños cuando no se cumplen,
cuando tras el cristal todo estaba nublado,
cuando siempre le inventabas contigo,
cuando le miras y te pierdes,
cuando le miras y se te olvida,
cuando le miras y te mira.

Cuando te vas y...
... ¿vuelves?

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Cobarde.



"- A mi también me rompieron el corazón. Me lo rompieron y bien roto, no me dejaron ni los restos. ¿Y sabes una cosa? Que es lo mejor que me ha pasado en la vida. Si él no se hubiera marchado, si él me hubiera escogido a mi, esta noche no estariamos aquí. Y a mi me encanta estar aquí, contigo."

No quiero buscarte en otros besos, quiero los tuyos.
Haznos brillar como tu sabes que podemos hacerlo.
Llevame a bailar para siempre.
Salta al fuego de una vez, o déjame quemarme.
Dejanos volar, no me hagas huir.
Cuidame los cardenales de los errores.
Deja de echarme sal en las heridas.
Agarrame o deja que me vaya.
Guárdame el corazón o rompelo.
No nos dejes caer, no me dejes ser como tu.
No me hagas comprar un amor de ginebra que me abrace a las siete de la mañana.
Cuidame las alas.
Quédate conmigo.
No me digas que me marche, porque no quieres que lo haga.
Me he cansado de jugar a hacernos daño.
Me he cansado de esperar a que lo descubras.
Abrázame y no me sueltes.
Mirame y piérdete conmigo.
Olvida el mundo y los dolores, vamos a partir de cero.
Deja de ajustar las cuentas que ya nadie recuerda. 

"-Lárgate de aquí.
- Eres un gilipollas.
- Tú una zorra.
- Y tú un cobarde..." 

No dejes que me pierda para saber que me encontraste.


sábado, 4 de diciembre de 2010

De tormentas y cafés.




"Recuerdo que aquella tarde volví a tener quince años. Ningún vestido era el apropiado. No hubo forma de manejar mi pelo. Revoloteaba la casa de arriba abajo, haciendo resonar la tapa, ya gastada, de mis mejores tacones. Unos nervios que apenas recordaba se hicieron presa de mi. El pánico a que no acudiera a la cita me hizo llegar con quince minutos de antelación.
Entre en el bar, y como un jarro de agua fría todos los recuerdos acudieron a mi. Envueltos en el aroma del café vi pasar uno tras otro mis quince años, mis dieciseis, incluso mis más de veinte. Presa de la histeria compre un cajetilla de tabaco y encendí el primero de los muchos cigarros que fumaría aquella tarde. Me senté en la mesa de la esquina, alejada del bullicio y las risas de las otras personas, pedi un café con leche y me senté a esperar la llegada de la tormenta. Mientras Iván se preguntaba quien preferiría quedarse y aguantar, él atravesó la puerta. De un solo vistazo recorrió la estancia hasta posar sus ojos sobre mi y las mariposas volvieron a volar.
  • Creí que habías dejado de fumar.
  • Yo también.
El pidió otro café, juntó sus manos sobre la mesa y me miró. Me miró de esa forma que solo él sabía hacer, con aquella media sonrisa que jamás supe descrifrar. Yo trataba de concentrar todos mis sentidos en remover mi café, mientras me mordía el labio inferior queriendo disimular, sin éxito, su temblor. Abrió el azucarillo y lo volcó sobre la taza, fue como ver volcar mi vida para después ser cruelmente removida.
  • Tú dirás.
  • ¿De qué?- pregunté. No fue una jugada astuta para despistar, solo una mala pasada de mis nervios.
  • No lo sé, tu has sido quien me ha llamado. Aquí estoy. ¿Qué es lo que querias decirme?- y volvió a sonreirme y con ello, consiguió quebrarme la poca entereza que me quedaba.
  • Me marcho a Liverpool, me han ofrecido un trabajo allí.- dije casi sin mirarle.
  • ¿Cuánto tiempo?
  • El contrato inicial es de dos años con opción de ampliar, la vida dirá...- pude advertír que aquello le pareció demasiado tiempo, y quizá lo era.
  • ¿Y por qué tanto tiempo?
Pensé en inventar mil escusas acerca de mis aspiraciones en la vida, de las posibilidades laborales, aprender el idioma, conocer otra cultura... podría haber dicho tantas cosas. Pero a esas alturas, lo único que nos quedaba era la sinceridad, decirnos la verdad, después de tantos años al menos nos debíamos eso.
  • Porque no tengo nada que me retenga aquí.- al pronunciar aquellas palabras en voz alta fui realmente consciente de su significado, su cruel significado.
  • Gracias por la parte que nos toca.- contestó indignado. Jamás había visto aquella expresión en rostro, no la comprendí. A día de hoy aún no la entiendo. Eran sus ojos pero no miraban igual que siempre, no sabría decir si fue enfado, si fue rabia, pena o simplemente el orgullo dañado.
Una vez inciados los truenos decidí dejarme llevar y decir todo aquello que llevaba guardado. Había tomado la firme decisión de arrepentirme solo de aquello que no habia hecho, de decir en cada instante aquello que quisiera decir, para no reprocharme nada, para que no pudieran reprocharme nada. Para llevarme el convencimiento y el consuelo, de haber luchado con todo hasta el último momento.
  • ¿Cuánto te crees que nos queda de esto?- y en un impulso solté mi café y le agarré la mano. ¿Cuanto tiempo crees que nos queda de juergas de fin de semana, de no tener procupaciones en la vida, de borracheras infinitas, de tres meses de verano, de ver amanecer? ¿Cuánto nos queda de la vida que tenemos ahora, de lo que somos en este instante? Un par de años, tres a lo sumo. Y luego qué. Comenzarán las bodas, vendran los niños. Con suerte nos juntaremos los viernes a tomar una cerveza y con el paso de los años tal vez podamos permitirnos una comida de Navidad en la que siempre faltará alguien. La gente empieza a organizar su vida y eres el único que no se da cuenta. Mírame, miranos...- y las lágrimas comenzaron a fluir.- piensa en todo lo que hemos pasado, ya no tenemos quince años, y no volveremos a tenerlos. Han sido preciosos, no imagino mejor vida que la que he tenido. Pero esto se acaba... ahora dependemos sólo de nostros mismos y yo quiero mandar sobre mi vida.
  • Yo no creo que eso sea así.- contestó dolido, soltándome la mano y el corazón.
  • ¿No lo crees? O no quieres creerlo.
  • Suponiendo que fuera cierto. Suponiendo que sólo nos queden un par de años, piensas pasarlos fuera de aquí.
Y volvió a ponerme entre la espada y la pared, como habia sido siempre.
  • Ya te lo he dicho... necesito salir de aquí, necesito olvidar ciertas cosas y cambiar otras tantas o sino me quedaré atrapada aquí para siempre. Necesito empezar de cero.- y en un ataque de valentía mezclada con estupidez decidí sacar los restos de la metralla.- Solo hay un motivo por el que me quedaría, pero es algo que no va a ocurrir nunca. No quiero mirarme al espejo dentro de diez años y reprocharme que perdí mi gran oportunidad por esperar algo que nunca llegó.
  • No sé a que te refieres.- creo que en fondo lo sabía, pero no sé si él o su orgullo, necesitaban escucharlo.
  • Pues no sé decirtelo más claro, bueno tal vez si.
  • Dilo.
  • Te estoy diciendo que me quedo si tu me lo pides.- y volví a tomarle la mano.- pero no vas a hacerlo ¿verdad?
  • No puedo.- no fue capaz de mirarme a los ojos.- ya hemos hablado de esto muchas veces. Hay demasiadas cosas, demasiadas personas en juego.
  • Lo único que aquí hay en juego es aquello que tu y yo queramos jugar.- y en aquel momento me atacó la furia guardada de tanto tiempo unida a las lágrimas que aún podia llorar.- Ya sé que nuestras circunstancias penden de un hilo, pero no solo nuestro, sino de todos. La diferencia es que ellos decidieron jugar y ganaron, aunque nadie les asegura que vaya a ser así para siempre, ojalá que sí. Ya te lo he dicho antes, un par de años, tres, entonces si, entonces podrá ser pero mientras qué, ¿qué pasa conmigo?. Tú llevas la vida que quieres pero la que llora por la noches soy yo. No voy a esperar el momento perfecto porque no existe, no puedo esperar a que un día los planetas se alineen, el mundo se de la vuelta y tu descubras que quieres estar conmigo, porque puede que no llegue nunca, porque sabes que no es justo y sobre todo porque sabes que no me lo merezco.
  • No te lo he pedido en ningún momento.
  • Lo sé, pero necesitaba decirtelo.- apuré el último sorbo del café y me enjuague las lágrimas con una servilleta. Me coloqué el pelo y traté de mostrar mi mejor sonrisa.
  • Mi vuelo sale el lunes de Madrid, me marcharé el domingo por la tarde. Espero verte antes, no quiero que este sea tu último recuerdo.
Me levanté y me coloqué la falda. El se quedó sentado mirándome una vez más. Nos dimos dos tímidos besos y nos perdimos para siempre. Crucé el bar arrastrando tras de mi toda la pena que cabe dentro de cuatro paredes y al agarrar la puerta algo me llevó. Me di la vuelta volví sobre mis pasos, el de pie junto a la mesa me observó en el camino de vuelta y sin mediar palabra le besé en los labios.
  • Feliz Navidad...
Y me marché con el peso de su mirada sobre mi espalda. Aquella fue nuestra gran despedida en la que ni siquiera nos dijimos adios. Una vez en la calle estalló la tormenta de lágrimas y lluvia. Para hacer mi día algo más lastimero mi tacón se quebró en mitad de la acera. Me quité los zapatos y los arrojé a una papelera, aunque creo que no fue lo único que tiré allí. Después, pasee descalza mi soledad por todas las calles de la ciudad de mis miedos. El sábado por la tarde cogí el coche y me marché."

-¿Y no volviste a verle?
- Sí, claro que volvi a verle, solía regresar de vez en cuando, aún lo hago. A veces nos juntamos en Navidad. Nos reímos, recordamos batallitas, algunas veces se nos pasan pensamientos y miradas extrañas, otras nos preguntamos que hubiera sido de nosotros en otras circunstancias... pero en el fondo los dos sabemos que lo que sea que habia entre nosotros, se quedó en el bar aquella tarde. Yo me fui para olvidarle y lo mejor, o lo peor, es que lo hice.