sábado, 25 de diciembre de 2010

Posits verdes.



A veces pudiera parecer que la gente no te entiende. Tratan de ayudarte diciendo lo que debes hacer, como debes actuar, incluso lo que debes sentir. Pierden el tiempo tratando de hacerte coomprender cosas que ya entendiste hace tiempo. Y no eres capaz de encontrar las palabras adecuadas para expresar que por más que quieran jamás podrán entenderte. Ni a ti, ni a esa maquinaría intrínseca en perpetuo moviemiento, a esos mil pájaros aleteando en todas las direcciones que permite el espacio.

Esa confrontación interna entre la razón y la humanidad, entre el cuento y la vida, entre lo que pudo ser y lo que es. Esos mil gestos y palabras que siempre buscaban el bienestar de cualquiera que no fueras tu, ese sentimiento de culpa alojado en el pecho y que nadie podrá sacarte porque es tuyo. Ese continuo reproche al espejo por no dejarte volar, o por culparte al hacerlo. Porque te has centrado tanto en no fallar, en no defraudar, te has obsesionado tanto en ser lo que crees que se espera de ti que te has olvidado de intentar ser aquello que tu querías ser. Te has puesto el listón tan alto que cada mera acción de instinto, de desesperación, de alegría, de locura, en definitiva cualquier acto de humanidad se te ha convertido en una aberración.

Pero... ¿de quien?
De ti.

De esa niña a la que cortaste las alas. A la que has envenado de la razón más pura y lógica mezclada con la más tierna y dulce fantasía. A esa niña que te mueres por dejar volar y sin embargo atas las manos cada vez que consigue alzar el vuelo. A esa niña que le mezclaste la magia con anestesia, la música con lágrimas, el alcohol con heridas, el azul con el suelo y la sonrisa con tristeza.

A ti que aprendiste a creer en el amor sólo por lo que contaban los malditos cuentos. Que te caiste mil veces, tantas como volviste a levantarte. Que cada noche miraste al cielo buscando ese satelite perdido que te indicará el camino a seguir. Tu que pintaste entrellas en la ventana y les pegaste un corazón que pudiera ser robado. Tu que te perdiste en mares de sueños casi perfectos buscando ese gran puerto donde fue a parar la alegria. Tu que aprendiste a escribir la vida con boligrafos de colores y ponerle un posit verde a los días buenos. Tu que sin otra carga a la espalda que frustración y desengaño te negaste a rendirte, te negaste a perderte y seguiste creyendo, de la nada, que el límite a tus sueños solo se lo pones tu. Tu que a veces te olvidas de que las personas somos imperfectas, que el mayor error que uno puede cometer es olvidarse a si mismo.


Mirate en el espejo y piensa si eres la clase de persona que querías ser. Descubrirás que eres la mejor persona que podías llegar a ser y con eso basta. Que la gente te cuida y se preocupa, sonrien a tu regreso y te agarran la mano. Verás que solo juega en tu contra la razón autoimpuesta, el exceso en el pensamiento y tu maldita capacidad de ver algun daño en cada una de tus acciones. Pues quizá ese daño no es tal, tal vez no exista, y si exite puede que no sea tan importante y que al mirarte solo recuerden esa parte de luz que tienes y que sabes que te hace brillar a ti y a los que estan contigo.

Aprende a parate y dejar que la vida siga, aprende a creer que después de todo las cosas pueden salir bien.

Esto es lo que hay y
esto es lo que debes saber...


Puedes ser el rey, puedes ser un tipo de ley.

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