"Recuerdo que aquella tarde volví a tener quince años. Ningún vestido era el apropiado. No hubo forma de manejar mi pelo. Revoloteaba la casa de arriba abajo, haciendo resonar la tapa, ya gastada, de mis mejores tacones. Unos nervios que apenas recordaba se hicieron presa de mi. El pánico a que no acudiera a la cita me hizo llegar con quince minutos de antelación.
Entre en el bar, y como un jarro de agua fría todos los recuerdos acudieron a mi. Envueltos en el aroma del café vi pasar uno tras otro mis quince años, mis dieciseis, incluso mis más de veinte. Presa de la histeria compre un cajetilla de tabaco y encendí el primero de los muchos cigarros que fumaría aquella tarde. Me senté en la mesa de la esquina, alejada del bullicio y las risas de las otras personas, pedi un café con leche y me senté a esperar la llegada de la tormenta. Mientras Iván se preguntaba quien preferiría quedarse y aguantar, él atravesó la puerta. De un solo vistazo recorrió la estancia hasta posar sus ojos sobre mi y las mariposas volvieron a volar.
- Creí que habías dejado de fumar.
- Yo también.
El pidió otro café, juntó sus manos sobre la mesa y me miró. Me miró de esa forma que solo él sabía hacer, con aquella media sonrisa que jamás supe descrifrar. Yo trataba de concentrar todos mis sentidos en remover mi café, mientras me mordía el labio inferior queriendo disimular, sin éxito, su temblor. Abrió el azucarillo y lo volcó sobre la taza, fue como ver volcar mi vida para después ser cruelmente removida.
- Tú dirás.
- ¿De qué?- pregunté. No fue una jugada astuta para despistar, solo una mala pasada de mis nervios.
- No lo sé, tu has sido quien me ha llamado. Aquí estoy. ¿Qué es lo que querias decirme?- y volvió a sonreirme y con ello, consiguió quebrarme la poca entereza que me quedaba.
- Me marcho a Liverpool, me han ofrecido un trabajo allí.- dije casi sin mirarle.
- ¿Cuánto tiempo?
- El contrato inicial es de dos años con opción de ampliar, la vida dirá...- pude advertír que aquello le pareció demasiado tiempo, y quizá lo era.
- ¿Y por qué tanto tiempo?
Pensé en inventar mil escusas acerca de mis aspiraciones en la vida, de las posibilidades laborales, aprender el idioma, conocer otra cultura... podría haber dicho tantas cosas. Pero a esas alturas, lo único que nos quedaba era la sinceridad, decirnos la verdad, después de tantos años al menos nos debíamos eso.
- Porque no tengo nada que me retenga aquí.- al pronunciar aquellas palabras en voz alta fui realmente consciente de su significado, su cruel significado.
- Gracias por la parte que nos toca.- contestó indignado. Jamás había visto aquella expresión en rostro, no la comprendí. A día de hoy aún no la entiendo. Eran sus ojos pero no miraban igual que siempre, no sabría decir si fue enfado, si fue rabia, pena o simplemente el orgullo dañado.
Una vez inciados los truenos decidí dejarme llevar y decir todo aquello que llevaba guardado. Había tomado la firme decisión de arrepentirme solo de aquello que no habia hecho, de decir en cada instante aquello que quisiera decir, para no reprocharme nada, para que no pudieran reprocharme nada. Para llevarme el convencimiento y el consuelo, de haber luchado con todo hasta el último momento.
- ¿Cuánto te crees que nos queda de esto?- y en un impulso solté mi café y le agarré la mano. ¿Cuanto tiempo crees que nos queda de juergas de fin de semana, de no tener procupaciones en la vida, de borracheras infinitas, de tres meses de verano, de ver amanecer? ¿Cuánto nos queda de la vida que tenemos ahora, de lo que somos en este instante? Un par de años, tres a lo sumo. Y luego qué. Comenzarán las bodas, vendran los niños. Con suerte nos juntaremos los viernes a tomar una cerveza y con el paso de los años tal vez podamos permitirnos una comida de Navidad en la que siempre faltará alguien. La gente empieza a organizar su vida y eres el único que no se da cuenta. Mírame, miranos...- y las lágrimas comenzaron a fluir.- piensa en todo lo que hemos pasado, ya no tenemos quince años, y no volveremos a tenerlos. Han sido preciosos, no imagino mejor vida que la que he tenido. Pero esto se acaba... ahora dependemos sólo de nostros mismos y yo quiero mandar sobre mi vida.
- Yo no creo que eso sea así.- contestó dolido, soltándome la mano y el corazón.
- ¿No lo crees? O no quieres creerlo.
- Suponiendo que fuera cierto. Suponiendo que sólo nos queden un par de años, piensas pasarlos fuera de aquí.
Y volvió a ponerme entre la espada y la pared, como habia sido siempre.
- Ya te lo he dicho... necesito salir de aquí, necesito olvidar ciertas cosas y cambiar otras tantas o sino me quedaré atrapada aquí para siempre. Necesito empezar de cero.- y en un ataque de valentía mezclada con estupidez decidí sacar los restos de la metralla.- Solo hay un motivo por el que me quedaría, pero es algo que no va a ocurrir nunca. No quiero mirarme al espejo dentro de diez años y reprocharme que perdí mi gran oportunidad por esperar algo que nunca llegó.
- No sé a que te refieres.- creo que en fondo lo sabía, pero no sé si él o su orgullo, necesitaban escucharlo.
- Pues no sé decirtelo más claro, bueno tal vez si.
- Dilo.
- Te estoy diciendo que me quedo si tu me lo pides.- y volví a tomarle la mano.- pero no vas a hacerlo ¿verdad?
- No puedo.- no fue capaz de mirarme a los ojos.- ya hemos hablado de esto muchas veces. Hay demasiadas cosas, demasiadas personas en juego.
- Lo único que aquí hay en juego es aquello que tu y yo queramos jugar.- y en aquel momento me atacó la furia guardada de tanto tiempo unida a las lágrimas que aún podia llorar.- Ya sé que nuestras circunstancias penden de un hilo, pero no solo nuestro, sino de todos. La diferencia es que ellos decidieron jugar y ganaron, aunque nadie les asegura que vaya a ser así para siempre, ojalá que sí. Ya te lo he dicho antes, un par de años, tres, entonces si, entonces podrá ser pero mientras qué, ¿qué pasa conmigo?. Tú llevas la vida que quieres pero la que llora por la noches soy yo. No voy a esperar el momento perfecto porque no existe, no puedo esperar a que un día los planetas se alineen, el mundo se de la vuelta y tu descubras que quieres estar conmigo, porque puede que no llegue nunca, porque sabes que no es justo y sobre todo porque sabes que no me lo merezco.
- No te lo he pedido en ningún momento.
- Lo sé, pero necesitaba decirtelo.- apuré el último sorbo del café y me enjuague las lágrimas con una servilleta. Me coloqué el pelo y traté de mostrar mi mejor sonrisa.
- Mi vuelo sale el lunes de Madrid, me marcharé el domingo por la tarde. Espero verte antes, no quiero que este sea tu último recuerdo.
Me levanté y me coloqué la falda. El se quedó sentado mirándome una vez más. Nos dimos dos tímidos besos y nos perdimos para siempre. Crucé el bar arrastrando tras de mi toda la pena que cabe dentro de cuatro paredes y al agarrar la puerta algo me llevó. Me di la vuelta volví sobre mis pasos, el de pie junto a la mesa me observó en el camino de vuelta y sin mediar palabra le besé en los labios.
- Feliz Navidad...
Y me marché con el peso de su mirada sobre mi espalda. Aquella fue nuestra gran despedida en la que ni siquiera nos dijimos adios. Una vez en la calle estalló la tormenta de lágrimas y lluvia. Para hacer mi día algo más lastimero mi tacón se quebró en mitad de la acera. Me quité los zapatos y los arrojé a una papelera, aunque creo que no fue lo único que tiré allí. Después, pasee descalza mi soledad por todas las calles de la ciudad de mis miedos. El sábado por la tarde cogí el coche y me marché."
-¿Y no volviste a verle?
- Sí, claro que volvi a verle, solía regresar de vez en cuando, aún lo hago. A veces nos juntamos en Navidad. Nos reímos, recordamos batallitas, algunas veces se nos pasan pensamientos y miradas extrañas, otras nos preguntamos que hubiera sido de nosotros en otras circunstancias... pero en el fondo los dos sabemos que lo que sea que habia entre nosotros, se quedó en el bar aquella tarde. Yo me fui para olvidarle y lo mejor, o lo peor, es que lo hice.

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