jueves, 30 de diciembre de 2010

No necesito.



Si te hubieras parado a pensar. Si me hubieras mirado a los ojos antes de desatar tu furia. Si hubieras tratado de ver las cosas desde mi lado del cristal.

Tal vez lo habrías entendido...

Puede que no sepa que esta ocurriendo, o que no sepa como remediarlo. Puede que no sepa en que dirección dar el siguiente paso y puede que nisiquiera sepa lo que quiero de mi, pero si sé lo que necesito, o necesitaba, y sobre todo, sé lo que no necesito.

Porque no necesito que me grites mil reproches atacando una actitud que no has intentando comprender.
No necesito que me digas que me equivoco, que lo hago mal.
No necesito que me digas como debo sentirme.
No necesito que me lances a sangre las verdades que conocí hace tiempo, porque eso no hace que duelan menos.
No necesito que resumas todo en una locura transitoria o a una estupidez pueril por el simple hecho de no poder asumir que tal vez no lo entiendes.
No necesito ser como tu, me gusta quien soy.
No necesito una mirada lastimera, ni tampoco una bofetada.
No necesito vivir en una eterna borrachera que solo trate de mostrar a una galeria, indiferente para mi, una falsa sonrisa.
No necesito que me repitas a cada instante que esta no es la manera de afrontar las cosas.
No necesito fumar hasta que me duelan los huesos, ni fingir interes por una conversación de la que no recuerdo ni el principio.
No necesito tus soluciones de vida esteriotipadas y de catálogo.
No necesito que me digas lo que tu harias porque no hablas contigo, sino conmigo.
No necesito que hables por mi, ni que intentes dar solución a aquello de lo que no formas parte.
No necesito que remuevas mi mundo con tus artes porque nunca te lo pedi.
No necesito que me digas que hacer, que decir, como actuar, como sentir...

Necesito algo más facil. Necesitaba lo más simple.
Que te sentaras a mi lado y dijeras: “No te preocupes, esto se pasará. Pronto vas a estar bien. Ya lo verás...”
Hubiera sido suficiente.



"Yo mataré monstruos por ti."

sábado, 25 de diciembre de 2010

Posits verdes.



A veces pudiera parecer que la gente no te entiende. Tratan de ayudarte diciendo lo que debes hacer, como debes actuar, incluso lo que debes sentir. Pierden el tiempo tratando de hacerte coomprender cosas que ya entendiste hace tiempo. Y no eres capaz de encontrar las palabras adecuadas para expresar que por más que quieran jamás podrán entenderte. Ni a ti, ni a esa maquinaría intrínseca en perpetuo moviemiento, a esos mil pájaros aleteando en todas las direcciones que permite el espacio.

Esa confrontación interna entre la razón y la humanidad, entre el cuento y la vida, entre lo que pudo ser y lo que es. Esos mil gestos y palabras que siempre buscaban el bienestar de cualquiera que no fueras tu, ese sentimiento de culpa alojado en el pecho y que nadie podrá sacarte porque es tuyo. Ese continuo reproche al espejo por no dejarte volar, o por culparte al hacerlo. Porque te has centrado tanto en no fallar, en no defraudar, te has obsesionado tanto en ser lo que crees que se espera de ti que te has olvidado de intentar ser aquello que tu querías ser. Te has puesto el listón tan alto que cada mera acción de instinto, de desesperación, de alegría, de locura, en definitiva cualquier acto de humanidad se te ha convertido en una aberración.

Pero... ¿de quien?
De ti.

De esa niña a la que cortaste las alas. A la que has envenado de la razón más pura y lógica mezclada con la más tierna y dulce fantasía. A esa niña que te mueres por dejar volar y sin embargo atas las manos cada vez que consigue alzar el vuelo. A esa niña que le mezclaste la magia con anestesia, la música con lágrimas, el alcohol con heridas, el azul con el suelo y la sonrisa con tristeza.

A ti que aprendiste a creer en el amor sólo por lo que contaban los malditos cuentos. Que te caiste mil veces, tantas como volviste a levantarte. Que cada noche miraste al cielo buscando ese satelite perdido que te indicará el camino a seguir. Tu que pintaste entrellas en la ventana y les pegaste un corazón que pudiera ser robado. Tu que te perdiste en mares de sueños casi perfectos buscando ese gran puerto donde fue a parar la alegria. Tu que aprendiste a escribir la vida con boligrafos de colores y ponerle un posit verde a los días buenos. Tu que sin otra carga a la espalda que frustración y desengaño te negaste a rendirte, te negaste a perderte y seguiste creyendo, de la nada, que el límite a tus sueños solo se lo pones tu. Tu que a veces te olvidas de que las personas somos imperfectas, que el mayor error que uno puede cometer es olvidarse a si mismo.


Mirate en el espejo y piensa si eres la clase de persona que querías ser. Descubrirás que eres la mejor persona que podías llegar a ser y con eso basta. Que la gente te cuida y se preocupa, sonrien a tu regreso y te agarran la mano. Verás que solo juega en tu contra la razón autoimpuesta, el exceso en el pensamiento y tu maldita capacidad de ver algun daño en cada una de tus acciones. Pues quizá ese daño no es tal, tal vez no exista, y si exite puede que no sea tan importante y que al mirarte solo recuerden esa parte de luz que tienes y que sabes que te hace brillar a ti y a los que estan contigo.

Aprende a parate y dejar que la vida siga, aprende a creer que después de todo las cosas pueden salir bien.

Esto es lo que hay y
esto es lo que debes saber...


Puedes ser el rey, puedes ser un tipo de ley.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Recuerda.


Recuerda que ya estuviste aquí.
Hace tiempo descubriste toda la tristeza que esconde el mundo. Recuerda que te perdiste, que te apagaste y te dejaste ir. Te vendiste al mejor postor solo para no mirarte en un espejo. Recuerda las cicatrices de la piel y sobre todo las del corazón.
Recuerda que entonces no sabías como hacerlo y aún así lo hiciste. Que un cinco de Diciembre encontraste la luna debajo del brazo y tu luz. Te perdiste en un hotel de Los Ángeles y entre miles de personas. Recuerda que rebuscaste en la pena y al final, después de todo estabas tú. Eras tú. Con toda la vida por delante, con un camino sin final definido. Con miles de amaneceres por ver, con miles de carreteras que transitar. Recuerda lo que aprendiste, recuerda lo que gritaste... a veces vale la pena hundirse solo para alguien te rescate. Y aquel viaje hacia el Puerto te dejó varada en el verano de las luces, abrazando todas las estrellas en cualquier barra. Recuerda las tardes de piscina, el tiempo detenido en los relojes, los zapatos nuevos, tu castillo de naipes y su baraja nueva. Recuerda los abrazos y los besos, la risa reventando contra el suelo expandiéndose mas allá de todas tus fronteras, recuerda que Nunca Jamás brilló porque tu volviste. No olvides que existe, sabes que existe, lo has visto. Encontraste el arcoiris tras la tormenta. Le arrancaste siete meses al verano y todas las flores a la primavera de Septiembre. Octubre no tuvo ningún lunes.
Recuerda que dejaste volar mariposas empapadas de risas y alcohol. Subida a los tacones de cristal más bonitos que los de cualquier cuento te fabricaste el valor de creer, de sentir, de jugar a ganar, de no rendirte. De haberlo sabido... lo habrias hecho igualmente. Recuerda que la niña dulce de labios rojos volvió a bailar en cualquier calle, se olvidó del mundo y la lluvia por ser feliz y lo consiguió. Allí sentada en la acera viendo el universo estallar en miles de colores, viendo nacer Noviembre. Tu deseo de los veinte años se cumplió y volverá a cumplirse, cientos de veces. Guarda en tu cajita de cristal toda la risa que albergabas, siente el temblor y la alegria del mundo que te espera. Aunque cada canción arrastre un pedazo de los días que fueron, también esconde los días que serán.
Mira tus alas, cóselas, sabes hacerlo. Ya lo hiciste una vez.

Y llegamos hasta aquí contando una historia más.
Escondidos de las sombras. Y pide olvidar a la vez.
Son dos rutinas...

sábado, 11 de diciembre de 2010

Cuando te vas.



Cuando te vas y vuelves.

Cuando toda tu vida cabe en una maleta,
cuando ya no te reconoces en tus actos,
cuando no sabes quien te mira del otro lado del espejo,
cuando son tus ojos y tus manos pero no son ni tu mirada ni tus gestos,
cuando alguien que no te conoce te dice “le estas dando vueltas”,
cuando alguien que te conoce te dice “cada vez estas peor”,
cuando no quieres quedarte, pero no quieres irte,
cuando no te dejan quedarte, pero no te dejan irte,
cuando las más bellas palabras esconden dardos,
cuando cualquier noche amenaza tormenta,
cuando los tacones se te quiebran.

Cuando te vas y vuelves.

Cuando no duermes pero no despiertas,
cuando solo juegas a engañarte,
cuando cada llamada es una excusa,
cuando te besa en la frente,
cuando cualquier coche es una huida,
cuando la ciudad quema,
cuando te coge la cintura,
cuando te pierdes el respeto,
cuando te pierden el respeto,
cuando dejas de quererte porque te quieran,
cuando no dejas de querer en lugar de quererte,
cuando no te pierdes, pero no te encuentras.

Cuando te vas y vuelves.

Cuando no quieres odiarle,
cuando no puedes odiarle,
cuando buscas un amor de prestado,
cuando te cura los días malos,
cuando te hiere los días buenos,
cuando le sonríes a la pena,
cuando te equivocas y se rompe,
cuando sales corriendo de cualquier bar,
cuando te ves caer, cuando te caes,
cuando nadie viene a barrer los pedazos.

Cuando te vas y vuelves.

Cuando te levantas y tropiezas,
cuando duelen las heridas,
cuando te miras las cicatrices,
cuando piensas “esta pasando otra vez”,
cuando los días dejan de ser azules,
cuando estallan los cristales,
cuando repites los errores,
cuando piensas solo que la culpa es tuya,
cuando sabes que la culpa es tuya,
cuando te cansas de estar triste.

Cuando te vas y vuelves.

Cuando no sabes dónde ir,
cuando no sabes dónde estas,
cuando quieres dormir y amanecer al mes siguiente,
cuando quieres que llegue Abril,
cuando quieres correr,
cuando quieres gritar,
cuando lo único que quieres que te salga bien es la vida,
cuando ya no sabes donde pegar más tiritas,
cuando siempre llueve,
cuando no puedes llorar.

Cuando te vas y vuelves.

Cuando ya no prefieres quedarte y aguantar,
cuando la pobreza es extrema,
cuando los mensajes no se mandan,
cuando todo se vuelve azul oscuro casi negro,
cuando tienes tanta prisa que tropiezas y te despistas,
cuando hasta para odiar es tarde,
cuando quieres ser alguien normal,
cuando solo quieres nieve por navidad,
cuando ya no tienes alas,
cuando solo quieres volar.

Cuando te vas y vuelves.

Cuando guardas el recuerdo de Noviembre,
cuando te conviertes en un numero primo,
cuando los juegos de niños duelen,
cuando entiendes que dejó de ser un juego,
cuando se cierran las ventanas,
cuando termina la limpieza de primavera,
cuando ya no queda ni el final de los veranos,
cuando se termina el cuento,
cuando se te derrumba el castillo.

Cuando te vas y vuelves.

Cuando descubres que la vida no era esto,
cuando solo quisieras desaparecer completamente,
cuando hasta las luciérnagas estan tristes,
cuando no te quedan paraguas,
cuando no sabes a dónde van los sueños cuando no se cumplen,
cuando tras el cristal todo estaba nublado,
cuando siempre le inventabas contigo,
cuando le miras y te pierdes,
cuando le miras y se te olvida,
cuando le miras y te mira.

Cuando te vas y...
... ¿vuelves?

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Cobarde.



"- A mi también me rompieron el corazón. Me lo rompieron y bien roto, no me dejaron ni los restos. ¿Y sabes una cosa? Que es lo mejor que me ha pasado en la vida. Si él no se hubiera marchado, si él me hubiera escogido a mi, esta noche no estariamos aquí. Y a mi me encanta estar aquí, contigo."

No quiero buscarte en otros besos, quiero los tuyos.
Haznos brillar como tu sabes que podemos hacerlo.
Llevame a bailar para siempre.
Salta al fuego de una vez, o déjame quemarme.
Dejanos volar, no me hagas huir.
Cuidame los cardenales de los errores.
Deja de echarme sal en las heridas.
Agarrame o deja que me vaya.
Guárdame el corazón o rompelo.
No nos dejes caer, no me dejes ser como tu.
No me hagas comprar un amor de ginebra que me abrace a las siete de la mañana.
Cuidame las alas.
Quédate conmigo.
No me digas que me marche, porque no quieres que lo haga.
Me he cansado de jugar a hacernos daño.
Me he cansado de esperar a que lo descubras.
Abrázame y no me sueltes.
Mirame y piérdete conmigo.
Olvida el mundo y los dolores, vamos a partir de cero.
Deja de ajustar las cuentas que ya nadie recuerda. 

"-Lárgate de aquí.
- Eres un gilipollas.
- Tú una zorra.
- Y tú un cobarde..." 

No dejes que me pierda para saber que me encontraste.


sábado, 4 de diciembre de 2010

De tormentas y cafés.




"Recuerdo que aquella tarde volví a tener quince años. Ningún vestido era el apropiado. No hubo forma de manejar mi pelo. Revoloteaba la casa de arriba abajo, haciendo resonar la tapa, ya gastada, de mis mejores tacones. Unos nervios que apenas recordaba se hicieron presa de mi. El pánico a que no acudiera a la cita me hizo llegar con quince minutos de antelación.
Entre en el bar, y como un jarro de agua fría todos los recuerdos acudieron a mi. Envueltos en el aroma del café vi pasar uno tras otro mis quince años, mis dieciseis, incluso mis más de veinte. Presa de la histeria compre un cajetilla de tabaco y encendí el primero de los muchos cigarros que fumaría aquella tarde. Me senté en la mesa de la esquina, alejada del bullicio y las risas de las otras personas, pedi un café con leche y me senté a esperar la llegada de la tormenta. Mientras Iván se preguntaba quien preferiría quedarse y aguantar, él atravesó la puerta. De un solo vistazo recorrió la estancia hasta posar sus ojos sobre mi y las mariposas volvieron a volar.
  • Creí que habías dejado de fumar.
  • Yo también.
El pidió otro café, juntó sus manos sobre la mesa y me miró. Me miró de esa forma que solo él sabía hacer, con aquella media sonrisa que jamás supe descrifrar. Yo trataba de concentrar todos mis sentidos en remover mi café, mientras me mordía el labio inferior queriendo disimular, sin éxito, su temblor. Abrió el azucarillo y lo volcó sobre la taza, fue como ver volcar mi vida para después ser cruelmente removida.
  • Tú dirás.
  • ¿De qué?- pregunté. No fue una jugada astuta para despistar, solo una mala pasada de mis nervios.
  • No lo sé, tu has sido quien me ha llamado. Aquí estoy. ¿Qué es lo que querias decirme?- y volvió a sonreirme y con ello, consiguió quebrarme la poca entereza que me quedaba.
  • Me marcho a Liverpool, me han ofrecido un trabajo allí.- dije casi sin mirarle.
  • ¿Cuánto tiempo?
  • El contrato inicial es de dos años con opción de ampliar, la vida dirá...- pude advertír que aquello le pareció demasiado tiempo, y quizá lo era.
  • ¿Y por qué tanto tiempo?
Pensé en inventar mil escusas acerca de mis aspiraciones en la vida, de las posibilidades laborales, aprender el idioma, conocer otra cultura... podría haber dicho tantas cosas. Pero a esas alturas, lo único que nos quedaba era la sinceridad, decirnos la verdad, después de tantos años al menos nos debíamos eso.
  • Porque no tengo nada que me retenga aquí.- al pronunciar aquellas palabras en voz alta fui realmente consciente de su significado, su cruel significado.
  • Gracias por la parte que nos toca.- contestó indignado. Jamás había visto aquella expresión en rostro, no la comprendí. A día de hoy aún no la entiendo. Eran sus ojos pero no miraban igual que siempre, no sabría decir si fue enfado, si fue rabia, pena o simplemente el orgullo dañado.
Una vez inciados los truenos decidí dejarme llevar y decir todo aquello que llevaba guardado. Había tomado la firme decisión de arrepentirme solo de aquello que no habia hecho, de decir en cada instante aquello que quisiera decir, para no reprocharme nada, para que no pudieran reprocharme nada. Para llevarme el convencimiento y el consuelo, de haber luchado con todo hasta el último momento.
  • ¿Cuánto te crees que nos queda de esto?- y en un impulso solté mi café y le agarré la mano. ¿Cuanto tiempo crees que nos queda de juergas de fin de semana, de no tener procupaciones en la vida, de borracheras infinitas, de tres meses de verano, de ver amanecer? ¿Cuánto nos queda de la vida que tenemos ahora, de lo que somos en este instante? Un par de años, tres a lo sumo. Y luego qué. Comenzarán las bodas, vendran los niños. Con suerte nos juntaremos los viernes a tomar una cerveza y con el paso de los años tal vez podamos permitirnos una comida de Navidad en la que siempre faltará alguien. La gente empieza a organizar su vida y eres el único que no se da cuenta. Mírame, miranos...- y las lágrimas comenzaron a fluir.- piensa en todo lo que hemos pasado, ya no tenemos quince años, y no volveremos a tenerlos. Han sido preciosos, no imagino mejor vida que la que he tenido. Pero esto se acaba... ahora dependemos sólo de nostros mismos y yo quiero mandar sobre mi vida.
  • Yo no creo que eso sea así.- contestó dolido, soltándome la mano y el corazón.
  • ¿No lo crees? O no quieres creerlo.
  • Suponiendo que fuera cierto. Suponiendo que sólo nos queden un par de años, piensas pasarlos fuera de aquí.
Y volvió a ponerme entre la espada y la pared, como habia sido siempre.
  • Ya te lo he dicho... necesito salir de aquí, necesito olvidar ciertas cosas y cambiar otras tantas o sino me quedaré atrapada aquí para siempre. Necesito empezar de cero.- y en un ataque de valentía mezclada con estupidez decidí sacar los restos de la metralla.- Solo hay un motivo por el que me quedaría, pero es algo que no va a ocurrir nunca. No quiero mirarme al espejo dentro de diez años y reprocharme que perdí mi gran oportunidad por esperar algo que nunca llegó.
  • No sé a que te refieres.- creo que en fondo lo sabía, pero no sé si él o su orgullo, necesitaban escucharlo.
  • Pues no sé decirtelo más claro, bueno tal vez si.
  • Dilo.
  • Te estoy diciendo que me quedo si tu me lo pides.- y volví a tomarle la mano.- pero no vas a hacerlo ¿verdad?
  • No puedo.- no fue capaz de mirarme a los ojos.- ya hemos hablado de esto muchas veces. Hay demasiadas cosas, demasiadas personas en juego.
  • Lo único que aquí hay en juego es aquello que tu y yo queramos jugar.- y en aquel momento me atacó la furia guardada de tanto tiempo unida a las lágrimas que aún podia llorar.- Ya sé que nuestras circunstancias penden de un hilo, pero no solo nuestro, sino de todos. La diferencia es que ellos decidieron jugar y ganaron, aunque nadie les asegura que vaya a ser así para siempre, ojalá que sí. Ya te lo he dicho antes, un par de años, tres, entonces si, entonces podrá ser pero mientras qué, ¿qué pasa conmigo?. Tú llevas la vida que quieres pero la que llora por la noches soy yo. No voy a esperar el momento perfecto porque no existe, no puedo esperar a que un día los planetas se alineen, el mundo se de la vuelta y tu descubras que quieres estar conmigo, porque puede que no llegue nunca, porque sabes que no es justo y sobre todo porque sabes que no me lo merezco.
  • No te lo he pedido en ningún momento.
  • Lo sé, pero necesitaba decirtelo.- apuré el último sorbo del café y me enjuague las lágrimas con una servilleta. Me coloqué el pelo y traté de mostrar mi mejor sonrisa.
  • Mi vuelo sale el lunes de Madrid, me marcharé el domingo por la tarde. Espero verte antes, no quiero que este sea tu último recuerdo.
Me levanté y me coloqué la falda. El se quedó sentado mirándome una vez más. Nos dimos dos tímidos besos y nos perdimos para siempre. Crucé el bar arrastrando tras de mi toda la pena que cabe dentro de cuatro paredes y al agarrar la puerta algo me llevó. Me di la vuelta volví sobre mis pasos, el de pie junto a la mesa me observó en el camino de vuelta y sin mediar palabra le besé en los labios.
  • Feliz Navidad...
Y me marché con el peso de su mirada sobre mi espalda. Aquella fue nuestra gran despedida en la que ni siquiera nos dijimos adios. Una vez en la calle estalló la tormenta de lágrimas y lluvia. Para hacer mi día algo más lastimero mi tacón se quebró en mitad de la acera. Me quité los zapatos y los arrojé a una papelera, aunque creo que no fue lo único que tiré allí. Después, pasee descalza mi soledad por todas las calles de la ciudad de mis miedos. El sábado por la tarde cogí el coche y me marché."

-¿Y no volviste a verle?
- Sí, claro que volvi a verle, solía regresar de vez en cuando, aún lo hago. A veces nos juntamos en Navidad. Nos reímos, recordamos batallitas, algunas veces se nos pasan pensamientos y miradas extrañas, otras nos preguntamos que hubiera sido de nosotros en otras circunstancias... pero en el fondo los dos sabemos que lo que sea que habia entre nosotros, se quedó en el bar aquella tarde. Yo me fui para olvidarle y lo mejor, o lo peor, es que lo hice.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Me gusta...



...que cuando me caigo nunca te ries. Me levantas, me sonries y me preguntas si estoy bien.
...que contigo los enfados me duran segundo y medio.
...ser tu pareja en cualquier juego porque sino siempre pierdes.
...que me cojas la cintura en una barra y me digas una frase sin sentido.
...hablar de música y que prometas llevarme a un concierto.
...que no quieras regalarme una rosa porque se marchitan.
...que me digas cualquier barbaridad y aún sabiendo que nunca me enfado siempre digas "es broma" por si acaso.
...que a veces quiero matarte y aún así sigues jugando a sacarme de quicio.
...que me prestes el paraguas cuando el día amenaza tormenta.
...que me hagas creer en los cuentos.
...que me esperes al regreso siempre con un abrazo.
...que los recuerdos duren para siempre.

Lo que más me gusta de ti, soy yo. Me encanta la clase de persona en que me convierto cuando estoy contigo.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Despierta ya...


es hora de juntar las piezas y mirar al día de frente. No hay nada que no puedas tener, solo tienes que buscar bien.

Recuérdame que lo de ayer no se olvida sin querer... ni quiriendo. Todo es cuestión de intentar, de seguir. Caminar un día tras otro hasta encontrar un destino donde vivir para siempre. Donde cada día de luz sea como empezar de nuevo, donde volar tan alto que nadie pueda alcanzarte, nunca más.

Éramos uno y uno y luego dos... o tres, tal vez fuimos tres. Pero el tres se hizo par y fueron dos. Pero no fuimos dos, nunca, ni tu, ni yo. Desconexión en el tiempo que nunca nos dejó pertenecer al mismo instante, cuando llegué ya no estabas y me fui antes de tu regreso, me fui para volver tarde. Para nunca ser dos, ni tres, siempre uno. Yo.

Más cerca cada vez de un sueño sin adios. Entre toda esa gente tu me ves atravesar la puerta, agarrada al telefóno y ahí quedé en un instante donde todo desapareció, la música se detuvo.
  • Te pillo en mal momento?
  • Si, un poco...
  • Te llamo después.
Tres cervezas en la mesa y miradas cruzadas de punta a punta. Un pie en la puerta al borde de desaparecer para siempre, solo un segundo, un instante donde nos cruzamos, en la mirada ahogando todo lo que nunca dije. Observando desde fuera el último instante dónde fuimos tu y yo. Alcé la mano y sin sonrisas, sin nada más, me di la vuelta y me fui. Y ahí quedamos despedidos sin decir adios.

El doble filo de un amor real, que de tan cierto nos dejó abandonados a nuestra suerte en cualquier esquina de esas en las que soliamos bailar. Donde tus cuchillos cortaron la falta de tacto en tus palabras y el mundo se vino abajo. Es decir, se vino a donde estaba, a donde siempre estuvo. Porque no hubo nada de cierto en todo lo que no existió más allá de mi pena y tu extrañeza, de mis ganas y tus faltas, de mi corazón y tu cabeza, de mis manos y tus ojos.

Actores sin guion, un mundo teatral en el que jugar a ser todo eso que nos falta en nuestras vidas. Un lugar para agarrar todas las flores que dejamos marchitarse en la ventana. Allí donde soliamos fingir que no habia nada más allá del suelo bajo nuestros pies, nos gustaba creer que podríamos existir así para siempre, viviendo todo el universo dentro de una casa de cristal que no resistió la tormenta.
... función sin hora de empezar. Pero sí de acabar, acabó aquello que nunca fue, que nunca existió fuera de nuestras miradas. He de irme... se me olvidó que tengo que ordenar la habitación.

Hace diez años eras igual...

sábado, 13 de noviembre de 2010

Nadando a la superficie.


Y ahí vamos, haciendo la digestion de esa cena navideña que preparaste para mi. Gracias por lanzarme los cuchillos afilados sin darme el tiempo de esconderme.
En fin... ahora que somos nada de todo lo que podriamos llegar a ser. De todo lo bueno que podiamos encontrar en esta ciudad de mierda y alcohol. Ahi voy, caminando a ningun sitio esperando no encontrarte nunca. Aunque sé que estas en todas partes.
Maldita inocencia del mundo que me dejó creer, una vez más, que la cosas serían distintas. Maldito tu que me hiciste ver que habia algo mejor de todo lo que podría imaginar.
Caminé con tacones de aguja sobre la cuerda de un funambulista, tentando siempre la caida al vacio. Y ahora nadie viene a recoger los pedazos. Yo los barreré. Los juntaré todos y huiré a cualquier parte. Juró que volveré solo para decirte que fui feliz, que lo conseguí, que encontré a alguien que se parecía a ti, pero que no era como tu. Alguien que dormira conmigo por el simple hecho de ver mi cara cada mañana. Y allí estare yo, juntando piezas del puzzle que no acabamos. Y sonreiré por todo, y alguna vez te recordaré, es probable.
Me quedo mi bendición y castigo, el no poder odiarte. Porque no es justo, porque no debo, porque no quiero y sobre todo... porque no puedo. Porque hubo un tiempo en que hacias brillar el sol en mis dias tristes, donde todos los problemas se disolvian en tu sonrisa, donde mis enfados duraban segundo y medio.
  • ¿Cuándo vas a volver?
  • No lo sé, pero dudo que sea pronto.
  • ¿Por qué?
  • Porque ya he tocado el fondo, y aquí no puedo nadar a la superficie. No me dejas hacerlo.
Sé que la culpa fue mia. Te deje hacer y deshacer sin decir nada. Me quedé esperando el día que nunca llegó. Y al final supongo que simplemente me rendí. Me marcho tratando de salvar lo poco que nos queda, o lo poco que me queda. Me cansé de ahogar las penas en borracheras. Iré a reconstruir todo lo que has dejado. Juro que volveré, algún día, solo para decirte que no me rendí, que nade y alcancé la superficie, que segui luchando y obtuve mi premio, que no paré mi reloj contigo, que encontré alguien mejor. Volveré solo para decirte que te olvidé.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

... de lágrimas y pan.

Y la luz se apagó, enseñando a su vez una estrella
Que indica el lugar donde pierdes el sueño
Y logré que esta vez, los fantasmas pagaran la cuenta y yo tiro otra vez
Y ahora, se lo que tengo que hacer
Conseguir otro par de zapatos…



Todas tenemos ese par de tacones terribles y hermosos. Duelen pero son tan bonitos...
Una se los pone un día y a cada paso duelen más, pero te sientes más bella y aunque duelan sigues caminando, porque a veces parece que caminas por el cielo, parece que bailas...
Cuando te los quitas sientes alivio y los miras con odio, los tiras al fondo del armario y juras no volver a usarlos más. Ilusa.
Un día, cuando menos acuerdas, vuelves a abrir el armario y ahí estan, y resulta que son perfectos para tu vestido nuevo, para cualquier cosa que lleves puesta y ahí vas otra vez, sobre el cielo pisando el infierno. Caminando por la cuerda floja con el peligro de caer y quemarte para siempre.
Aún así esperas que un día puedas domarlos, que un día no duelan, que llegues a acostumbrarte a ellos, que ellos se acostumbren a ti, que se adapten y poder usarlos a diario.
Sabes que deberías comprarte otro par de zapatos, pero no quieres...

                                 ...porque solo con ellos sabes brillar.

lunes, 8 de noviembre de 2010

El deber.

Déjame, niña, que te enseñe que a veces la vida no es tan fácil.
A veces uno ha de decir lo que no piensa, lo que no siente, lo que no quiere, solo porque es lo que DEBE decir, aunque sea mentira, aunque quieras morirte, aunque quieras llorar y salir corriendo. Habrás de sacar tu mejor sonrisa y fingir que no te afecta, porque al menos le debes eso... o te lo debes a ti, el ogullo y la entereza en la derrota.
El saber estar siempre.
No dejes salir tus demonios, porque no son justos, porque no tienes razón.
Aprende a caminar un paso y alzar la cabeza, que a veces no todo es tan malo, quizá aun te quede algo que cuidar, que salvar.
No te quemes, no hagas que te odie. No le hagas huir, porque no quieres.
Aunque duela, porque siempre duele...

sábado, 6 de noviembre de 2010

Historias de...




Me gusta estar aquí contigo. Yo te aprecio mucho.
Yo también te quiero mucho a ti.

Apenas lo hubo dicho, Anastasio se mordió los labios. Debía haber dicho «te aprecio mucho», pero no «te quiero mucho». Era distinto y no estaba satisfecho de la equivocación. Hubo un largo silencio que Celia rompió.
Oye...
—¿Qué?
¿Tú crees que es posible que un hombre y una mujer sean muy amigos?
Naturalmente —contestó Anastasio, con gran seguridad.
Pues yo, no.
¿Por qué? —exclamó Anastasio, ofendidísimo por aquel atentado contra la amistad.
Porque uno de los dos mete siempre la pata y acaba enamorándose del otro. Y entonces la amistad va y se rompe...

                                                                                    Torcuato Luca de Tena - La edad prohibida.

O quizás, no.

martes, 2 de noviembre de 2010

Para el tiempo y la distancia.

Llegué después de algunos años...

Vine para quedarme, si.
Voy y vengo...
porque a aunque cierres la puerta,
yo soy más de revolotear por las ventanas, pero sé cuales están siempre abiertas, aunque tengan rejas...

Me encanta hablar de libros y mis venas en el anden.
Puedes acostumbrarme, seguramente mañana me vuelvas a ver.

No puedo prometerte que nunca creceré...
pero si prometo revolotear en tu vida y tu ventana para siempre.
A mi también me gusta jugar a ser diferentes...

lunes, 1 de noviembre de 2010

Noviembre.



Noviembre me regala una bufanda y un corazón nuevos. Las hojas rojas trepando a mi ventana y una casa en las nubes. Un sobrero para cubrir mi vida de la lluvia y olores nuevos. El calor del fuego mezclado con el champagne de los últimos veinte años.

Noviembre me descubre una foto que habla de un tiempo de inocencia casi olvidado. Trae la lluvia y el viento que barren los trastos guardados al fondo del cajón. Rio mientras llueve y corro hasta el mar que nos espera. Corro hacia el infinito de tus ojos donde mis vidas paralelas se encontraron.

Noviembre nos encuentra a la luz de cualquier barra bebiendo para olvidar, bebiendo para recordar siempre que no tenemos más vida que esta para encontrar lo que queremos. Se rie mientras discutimos sobre el tiempo y las hadas, sobre los errores pasados y futuros, sobre todo aquello que sólo existe entre tú y yo. Sobre la posibilidad de hacer posible lo imposible, de romper los cristales y dejar entrar la luz.

Noviembre me mira mientras yo te miro y tu me regalas un beso de media noche. Nos ve brindar por todo lo que la vida nos regala, por lo que otros nos dejaron, por todo lo que ellos se llevaron, por encontrar el punto de inflexión donde todo vuelve a subir, a brillar. Y seguimos brindando mientras alguien canta sobre las vidas cruzadas que me persiguen, brindamos por la risa, por lo viejos amigos, por los nuevos, por los planes que se fueron al traste, por habernos conocido, por aquello que nunca ocurrió, por todo lo que no pudo llegar a ser, por el mundo que no nos pertenece, por aceptar los límites, por la pequeña esperanza de la épica, de romper los muros, saltar sobre los charcos y cambiar el final de la historia.

Noviembre me encuentra sentada en la acera esperando a que el mundo se derrumbe contigo. “Riete”. Retrasa los segundos del reloj para hacer tu paso más lento, para que camines a mi lado, conmigo, para siempre. Y vuelves a regalarme cuatro besos en cualquier esquina y te marchas caminando por la sombra.

Noviembre me dejará treinta días y dos noches para buscarte. Me hará regresar al lugar donde el tiempo no transcurre. Noviembre me traerá de vuelta, algún día.

domingo, 17 de octubre de 2010

Peter y Wendy.



Hubo un tiempo en que crei haber destruido todo aquello que nos hacía especiales. Eso que hacía de una sonrisa y una mirada, todo. Sabes esa sensación de estar perdiendo algo y no saber como remediarlo. De mirar desde lejos como se derrumba el mundo y no poder gritar, no poder decir “No te vayas, no me dejes”. Una ansiedad que me quemaba más que todo el alcohol que podía soportar.
Sentirme morir por un momento, para siempre. No poder soportar la decepción en tus ojos, y ahogarme las lágrimas con el humo del tabaco.
- Perdóname... prometo compensarte.
- No importa, no cuenta...
Pero volví a encontrarme, a encontrarte y descubrí el secreto de ese nosotros tan nuestro y tan extraño. Eso que creí que nadie entendía, solo tú y yo. Me di cuenta de que no era así, somos tú y yo, sí, pero dentro de algo más grande que nosotros. Formamos parte de un mundo que se quiebra si sólo le falta una pieza. Somos así por ser quienes somos, por donde estamos y con quien. Por todas y cada una de las personas que nos cuidan y que Dios sabrá por qué, nos entienden. Es esa magia que se crea a partir de una vida que hemos ido tejiendo poco a poco, a lo largo de los años, y que sin saber como se ha vuelto perfecta. Un pequeño remanso de paz en este mundo de locos que nos quema, que crei que podría con nosotros. Pero no, no pudo. Gracias a Dios aún existe ese lugar donde volvimos a ser eternos. Como antes, como siempre. Para poder decir bien alto “Ahora sí, aquí es donde quiero estar.”
Creí que la huida me salvaría y lo que me salvó fue volver. Volver para reencontrarme con ese mundo habitado por diez personas donde tú y yo podemos brillar. Ese pequeño Nunca Jamás donde volvemos a ser niños, a jugar queriendo creer que la vida real es mentira. Dónde tu quieres volar y yo me hago mayor...
  • ¿Qué te ocurre, Peter?
  • Estaba pensando... todo esto es mentira, es solo un juego ¿verdad, Wendy?
  • Claro que sí...
.. pero donde al final, aunque pasa el tiempo, siempre encuentras mi ventana y una vez más me pides que vuele contigo.
García Montero escribió “Recuerda que yo existo porque existe este libro, que puedo suicidarnos con romper una página”. Quizá tu y yo existimos sólo en ese mundo minúsculo y pequeño, pero que importa, si es nuestro. Encontré el lugar para reir y soñar, para bailar siempre, para abrazarte y que me abraces, para que me beses en la frente y me hagas girar, para ver el mundo con tus ojos, para mirarnos sin pensar en nada. Quizá nunca tengamos el final perfecto, porque el cuento siempre acaba igual...
  • Adios, Peter.
Pero ya sabes eso que dicen, los cuentos de hadas al final no siempre son lo que uno imagina, lo de ser felices para siempre suena genial, pero quizá sea suficiente con ser felices en el momento.
- Te dije que te compensaría...

domingo, 10 de octubre de 2010

Llueve.




A veces pienso que es esta ciudad, que me quema, me estresa, me agobia y me duele. Sí, creo que es esta ciudad. Esta ciudad que podría llevar cualquier nombre, cada uno de los nombres de todas las ciudades en que no estas. Porque no es la ciudad, es solo que me faltas... para que salga el sol cada mañana, para sonreir. Me paro a pensar y recuerdo, recuerdo cuando no pensaba en nada. Cuando todo era reir hasta que me dolieran los huesos, beber y fumar, cantar de vez en cuando, bailar, sonreir, caminar a paso firme, volver a reir, mirarte sin que me vieras, y mirarte para que me miraras. Eso era todo en veinticuatro horas de cada día, en ochentyseismil cuatrocientos segundos. Creo que si eso no es la felicidad, se le debe parecer bastante. Espero que se le parezca.
Ahora es como si todos los pájaros de esta ciudad aletearan en mi cabeza, y todo salta y estalla. Trato de detenerlo, pero no puedo. Debería estar bien y muchas veces lo estoy, pero entonces, de repente, empieza a llover. Aunque este brillando el sol, aunque haga cuarenta grados de calor, de vez en cuando me llueve. Es de esas veces que uno no sabe lo que le ocurre, o aún peor, lo sabe, pero no sabe por qué. Algunos problemas simplemente no existen, la única verda, lo único que nunca se arregla es que la gente se muere. Y sin embargo a mi los granos de arena se me hacen montañas de la nada, emergen ahí y ya no puedo sacarlos, y no paro de darle vueltas a todo. Al por qué de cada palabra y cada gesto, al dónde, al cuándo, a todo... me parece que lo hago solo para no buscarte detrás de cada esquina, para no pensar que no estas aquí. Porque hay días en que ya no pienso en ti, pero no porque te haya olvidado. Es solo mi forma de guardarte para siempre. Cuando uno piensa demasiado las cosas, da tantos giros de tuerca al mismo tornillo que al final la madera se parte y yo no quiero que te partas. Quiero tener para siempre el recuerdo de esa sensación tan parecida a la felicidad. Para que nunca puedan robármela. Para cogerla cuando me haga falta, para cuando llueva, para saber que se puede reir hasta no pensar en nada.

sábado, 25 de septiembre de 2010

De idas y venidas.



Creo que a todos nos ha pasado alguna vez en la vida, que una mañana, cansados de la tristeza, los palos y la sangre, de las lágrimas y el mundo, un dice:
- Me voy.
- ¿A dónde?
- No lo sé, pero me voy.
Y uno se va.
¿A qué distancia vive el olvido? Puede que a la vuelta de la esquina, a dos semanas, un segundo o a 242 kilómetros.
Da igual cual sea el destino, decididos a irnos... ¡nos vamos!. Miramos una maleta vacia sobre la cama y toda una vida alrededor.
Empezamos...
Primero por la ropa, agarramos una prenda cualquiera “No, esto no, porque lo llevaba puesto cuando..., mejor esto, no esto tampoco porque lo estrené aquella noche que...” Nada, pasamos de la ropa por ahora.
¿Qué más? Algo de música, por ejemplo... miramos todos y cada uno de los discos, pero todos tienen algo que nos hace recordar. Es curiosa la música, porque uno puede escuchar la misma cancíón mil veces, hasta el punto de saberse la letra al completo y un día, de pronto, volver a escucharla y darse cuenta de que nunca se habia parado a pensar en que decía “Parece que habla de mi...”. Pasa que se suele asociar canciones a los momentos y a las personas, no tienen porque ser sus favoritas, alomejor nisiquiera las conocen pero puede que fuera la canción que sonaba la primera vez en que le viste, o no, simplemente una canción que sonaba en la radio mientras hablabais, o una canción que odiaba, tal vez solo te parece que habla de esa persona, el caso es que en ese momento, esa canción toma una nueva propiedad y no puedes volver a escucharla sin que te recuerde. Asi que nada de música... seguimos, ¿Libros?.
- Bastante tengo con mis penas, para aguantar las de otro...
Terminamos por coger algún libro que ya hayamos leido, por si acaso nos viene el aburrimiento. Después de horas de vagar por la casa, miramos nuestra maleta: un libro ya leido, un cepillo de dientes, un secador, tal vez alguna foto, un par de zapatos...
- ¡A la mierda!
 En un ataque de rabia cogemos toda la ropa que nos cabe entre las manos y sin doblarla la metemos en la maleta con furia. Es bien fácil hacer maletas si uno sabe donde va, si vas a la playa siempre necesitas un bañador, si va a hacer frio un abrigo, si vas a Londres imprescindible el paraguas. Pero qué demonios coges cuando no sabes a dónde vas, cuando lo único que quieres es empezar de nuevo, o lo coges todo o no te llevas nada, no hay más.
Segunda parte del problema. Una vez montados en el coche, ¿hacia dónde ir?, porque no existen caminos de baldosas amarillas. ¿Cual podría ser nuestra ciudad Esmeralda particular?
- No lo sé... ¿Portugal?.
Portugal suena bien, como Sabina. Pero ellos eran dos, y tu estas solo, asi que nada, descartamos a Sabina.
- ¿Y el sur?
Por qué no, Nacional IV alante y hasta que se acabe la gasolina. Parece una buena idea o quizá sea un suicidio, pero qué importa hacia donde ir si tampoco existe un lugar al que volver. Y empiezan a asomar los olivos que después se van tranformando en campos inmensos de girasoles. Brilla el sol, en ese tipo de días siempre brilla. Uno corre y llora bajo la lluvia, pero una nueva vida, siempre se empieza mirando al sol de frente. Y así recorres una distancia indefinida, simplemente hasta que te canses. De pronto una canción, siempre es la música ya lo he dicho. Una estrofa o una pequeña frase te hace pensar...
- ¿Aquí?... si, aquí estara bien.
Podría haber sido cualquier sitio, pero era ese.
El primer día es genial, porque todo parece perfecto. Esa sensación de que nada puede dañarte porque ya estas lejos. Se crean las espectivas, la incertidumbre... ¿Qué pasara mañana?. Al día siguiente te levantas, y el día sigue teniendo veinticuatro horas, y hace sol, y luego atardece y después, como siempre, vuelve a ser denoche. Los días, tristes o alegres, siempre tienen veinticuatro horas.
Cuando uno se marcha a una ciudad ajena a menudo sucede que en mitad de la calle ve los rostros de la gente que habitaba su ciudad, sabes que no son ellos, pero por un momento podría parecer que si. Y así sigues caminando hasta que un día en mitad de cualquier calle se te congela el alma, porque entre todo el tumulto de personas esta vez te tocó ver su rostro. Sabes que no es esa persona, pero... aún así vuelves a mirar, solo por si acaso, por si pudiera ser... por si padeciera la misma locura que tu y en un arranque hubiera decidido salir al mundo a buscarte y después de todo, te hubiera encontrado. Pero no lo es... simplemente se le parece, a veces nisiquiera. Eso solo ocurre en las películas, cuando el chico de pronto se da cuenta de que acaba de dejar escapar a la mujer de su vida y se lanza corriendo a las calles en su busca, siempre sabe donde encontrarla, siempre hay algún banco en un jardín, algún lugar especial...
En la vida real eso no ocurre, lo que pasa cuando huyes y no le dices a nadie donde vas, es que nadie sabe dónde estas. Y aunque a veces pudiera parecer que el mundo rebosa locura por todas partes, nadie esta tan loco como para buscar una aguja en un pajar, o lo que es lo mismo, a una persona en 149 millones de kilometros cuadrados de tierra, son demasiados kilómetros.
Es ahí cuando vuelve la congoja y la pena, las lágrimas que pensabas que ya no podías llorar. Ese es el problema de los fantasmas, que viajan contigo allá donde vayas. Nunca hay kilómetros suficientes para olvidar, para empezar de nuevo. Uno siempre lleva consigo sus pensamientos y a ellos no se los puede alejar... solo es tiempo, siempre es el tiempo. Porque uno termina por acostumbrarse a cualquier cosa, incluso a la ausencia...

martes, 21 de septiembre de 2010

CASTILLOS DE... NAIPES.


Siempre he pensado que la vida es como los castillo de naipes que uno construye cuando es pequeño. Cada día que pasa le añades una carta, y si tienes un buen día, dos o incluso tres. Pero en cualquier momento puede que algo o alguien mueva la mesa y todo se venga abajo, como me paso a mi, se me derrumbó el castillo. Y ahí me quedé tirada en medio de ninguna parte, descubriendo que toda la tristeza del mundo cabe dentro de cuatro paredes. Y me fui, huí. Hacia cualquier lugar, hacia lo que fuera que la vida me deparara y la vida me dejó aquí.
Cogí mis viejas cartas y traté de reconstruir mi castillo. ¿Has probado alguna vez a pegar un jarrón hecho añicos? ¿Sabes lo qué les pasa? que siempre falta una pieza, aunque sea minúscula, y ya no puedes ponerle agua porque se escapa, entonces... deja de ser un jarrón. Mi castillo también tenía fugas y grietas que no pudieron soportar la tormenta y se vino abajo, otra vez. Después me cansé, simplemente eso, me rendí.