domingo, 10 de octubre de 2010

Llueve.




A veces pienso que es esta ciudad, que me quema, me estresa, me agobia y me duele. Sí, creo que es esta ciudad. Esta ciudad que podría llevar cualquier nombre, cada uno de los nombres de todas las ciudades en que no estas. Porque no es la ciudad, es solo que me faltas... para que salga el sol cada mañana, para sonreir. Me paro a pensar y recuerdo, recuerdo cuando no pensaba en nada. Cuando todo era reir hasta que me dolieran los huesos, beber y fumar, cantar de vez en cuando, bailar, sonreir, caminar a paso firme, volver a reir, mirarte sin que me vieras, y mirarte para que me miraras. Eso era todo en veinticuatro horas de cada día, en ochentyseismil cuatrocientos segundos. Creo que si eso no es la felicidad, se le debe parecer bastante. Espero que se le parezca.
Ahora es como si todos los pájaros de esta ciudad aletearan en mi cabeza, y todo salta y estalla. Trato de detenerlo, pero no puedo. Debería estar bien y muchas veces lo estoy, pero entonces, de repente, empieza a llover. Aunque este brillando el sol, aunque haga cuarenta grados de calor, de vez en cuando me llueve. Es de esas veces que uno no sabe lo que le ocurre, o aún peor, lo sabe, pero no sabe por qué. Algunos problemas simplemente no existen, la única verda, lo único que nunca se arregla es que la gente se muere. Y sin embargo a mi los granos de arena se me hacen montañas de la nada, emergen ahí y ya no puedo sacarlos, y no paro de darle vueltas a todo. Al por qué de cada palabra y cada gesto, al dónde, al cuándo, a todo... me parece que lo hago solo para no buscarte detrás de cada esquina, para no pensar que no estas aquí. Porque hay días en que ya no pienso en ti, pero no porque te haya olvidado. Es solo mi forma de guardarte para siempre. Cuando uno piensa demasiado las cosas, da tantos giros de tuerca al mismo tornillo que al final la madera se parte y yo no quiero que te partas. Quiero tener para siempre el recuerdo de esa sensación tan parecida a la felicidad. Para que nunca puedan robármela. Para cogerla cuando me haga falta, para cuando llueva, para saber que se puede reir hasta no pensar en nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario