—Me gusta estar aquí contigo. Yo te aprecio mucho.
—Yo también te quiero mucho a ti.
Apenas lo hubo dicho, Anastasio se mordió los labios. Debía haber dicho «te aprecio mucho», pero no «te quiero mucho». Era distinto y no estaba satisfecho de la equivocación. Hubo un largo silencio que Celia rompió.
—Oye...
—¿Qué?
—¿Tú crees que es posible que un hombre y una mujer sean muy amigos?
—Naturalmente —contestó Anastasio, con gran seguridad.
—Pues yo, no.
—¿Por qué? —exclamó Anastasio, ofendidísimo por aquel atentado contra la amistad.
—Porque uno de los dos mete siempre la pata y acaba enamorándose del otro. Y entonces la amistad va y se rompe...
Torcuato Luca de Tena - La edad prohibida.
O quizás, no.
O quizás, no.

No hay comentarios:
Publicar un comentario