martes, 21 de septiembre de 2010

CASTILLOS DE... NAIPES.


Siempre he pensado que la vida es como los castillo de naipes que uno construye cuando es pequeño. Cada día que pasa le añades una carta, y si tienes un buen día, dos o incluso tres. Pero en cualquier momento puede que algo o alguien mueva la mesa y todo se venga abajo, como me paso a mi, se me derrumbó el castillo. Y ahí me quedé tirada en medio de ninguna parte, descubriendo que toda la tristeza del mundo cabe dentro de cuatro paredes. Y me fui, huí. Hacia cualquier lugar, hacia lo que fuera que la vida me deparara y la vida me dejó aquí.
Cogí mis viejas cartas y traté de reconstruir mi castillo. ¿Has probado alguna vez a pegar un jarrón hecho añicos? ¿Sabes lo qué les pasa? que siempre falta una pieza, aunque sea minúscula, y ya no puedes ponerle agua porque se escapa, entonces... deja de ser un jarrón. Mi castillo también tenía fugas y grietas que no pudieron soportar la tormenta y se vino abajo, otra vez. Después me cansé, simplemente eso, me rendí.

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