domingo, 1 de mayo de 2011

Te doy mis manos.

Aunque sus preguntas inocentes hagan que todas las miradas se me claven. Que tú me supliques en silecio... devuelvo la mejor de mis sonrisas acompañadas de un comentario sarcástico acerca de lo poco que me importa estar sola.
Es mi manera de salvarte.
De salvarnos.

Hablamos de mil cosas absurdas mientras nos observas desde el otro lado del bar. Tu mirada se turba hasta que ves que soy yo, y entonces sonries, respiras y te das cuenta de que no pasa nada, soy yo...
Te sonrío, y me entiendes.
Nos entendemos, como siempre.
El peligro ha pasado, el peligro nunca existió.

Puede que no volvamos a hablar de huir a cualquier parte,
sé que nunca volveras a secuestrarme.
No agarraras mi cintura en una barra
y no cumplirás nuestro pacto suicida.
Eso no volverá a ocurrir, pero lo dejamos guardado en alguna parte,
junto a las fotos.

Puede que solo nos queden dos tímidos besos y una sonrisa oculta.
Que aún me mires cuando crees que no te veo,
que aún llore cada vez que te marchas.

También puede que la ciudad se olvidara de nosotros,
que tu a veces te olvides de mi,
pero yo te dejo mis manos para cuando las necesites,
para agarrarte si tropiezas,
para levantarte si te caes o...
 simplemente, para abrazarte cuando volvamos a encontrarnos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario