lunes, 9 de mayo de 2011

LaLimpiezaDeLaPrimavera.




Ya es primavera y toca hacer limpieza... no sabía si vendrías a mi ventana para ayudarme asi que decidí empezar por mi cuenta.
Entre mis cajas de dudas y los por qués que cuelgan de mis pechas encontré varios baúles de cosas que ya no necesito. Aquí te dejo el inventario de todos mis días de más, arrumbados en la esquina del fondo, por si quieres venir a buscarlos, te los regalo, yo ya no los quiero.
Te dejo todos mis Septiembres junto al final de los veranos, quizá así te acuerdes de devolverme mis octubres y sobre todo mis noviembres.
Te dejo todas las libretas que no llené con tu nombre y los boligrafos que ya no pintan.
También dejo un cd repleto de canciones de amor que ya no hablan de nosotros. Te regalo mis pintalabios desgastados y todas las sonrisas que ya no adornarán. Junto a ellos te dejo la colección de copas que estallé contra el suelo y un poco de alcohol para sanar las heridas. Te dejo el salitre del mar en que nunca nos bañamos y un poco de arena, pero no mucha. Te regalo todos los tacones que quebré por salir corriendo y algunos billetes sin destino y sin fecha de regreso.
Te dejo una caja demasiado grande con todas y cada una de las noches en que creí que me rescatarías y el primer peldaño de la torre que nunca escalaste para salvarme. Junto a ella otra caja más pequeña que esconde las agujas de los relojes que paramos y, al fondo del todo, el dedal que utilicé para coser las heridas más profundas.
En un sobre te dejo todas las cartas que nunca te escribí y, sobre él, un cofre que guarda los sueños que no pude cumplir. También quiero que te lleves todos mis libros con final feliz.
Colgadas del respaldo de la silla te dejo las horas que no pude dormir y, junto a ellas, mi colección de lágrimas. Dentro de la caja de un reloj te dejo el beso que no nos dimos y las velas de mi último cumpleaños.
En una percha te dejo mis alas rotas y cansadas de intentar levantar el vuelo y, por si lo quieres, el vestido más bonito que jamás me viste puesto.
Te dejo los mil cigarros que fume en la ventana y algún cenicero de las barras donde intentamos empezar de nuevo.
Te dejo las sábanas de las camas en que trate de olvidarte. También quiero que te lleves los puntos suspensivos con que terminan todas mis canciones.
Por último te dejo el libreto con las instrucciones del juego que inventamos y junto a el una cajita que a veces late, es el premio que habrías conseguido si las hubieras respetado. Aunque esto último preferiría que no te lo llevaras, aún tengo la esperanza de necesitarlo algún día.

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