Quizá, por una vez, podríamos borrar las huellas en la arena.
Olvidar las vidas a medias que nos dejamos en el camino.
Barrer los cristales de todas las ventanas a las que escalamos, allí donde no nos esperaba nadie.
Apagar todas las farolas que, alguna vez, alumbraron nuestra ciudad.
Podriamos esconder todo en una gran caja con un lazo rojo y dejarla junto a las promesas que no cumplimos.
Total, que más da, que importa. No nos quedaba nada...
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